Las noticias me matan

15/11/2011

El juez cierra la instruccción del Prestige 9 años después

Recupero este viejo artículo sobre el desastre ecológico del buque Prestige, aunque quizá no sea tan viejo pues ayer mismo (14/11/2011), el juez dio por terminada la instrucción del caso. El artículo hace referencia también y de una manera oblicua al libro de urgencia escrito por Suso del Toro para la editorial Península
       
       La cólera de Suso. (Publicado en Heraldo de Aragón 02/03/2003)Juan Marín
       
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       Un barco grande se rompe. El barco va lleno de ponzoña pegajosa. El barco grande se rompe frente a las costas de una tierra que no sabe si es tierra o es mar; porque el mar se mete en ella igual que el agua azul y verde y plata se mete en la sangre de los hombres que pescan, de las mujeres que recogen el marisco, de los hombres que arrancan el percebe de la roca. Para los gallegos, el mar no es el hermoso mar que recordamos los que vivimos tierra adentro. Es otro mar. Es otra relación: un paisaje de futuro y de niñez, una madre generosa y egoísta, una amante seductora y cruel. No, no es una marina al óleo con un velero.
       Sí, estamos informados, o mal informados, de que un barco grande con veneno se ha roto en el trozo gallego del océano. Hemos visto aves que intentan quitarse el veneno de las alas, a mujeres que lo separan de la arena con sartenes, a muchachos blancos manchados de alquitrán. Hemos visto a políticos que dicen que no pasa nada y a presentadores que no saben qué cara poner cuando dicen que el gobierno dice que no pasa nada. Pero hay algo de lo que no tenemos ni idea. No tenemos ni idea de las emociones. Por ejemplo, un hombre llena su camión del veneno negro y no sabe dónde tirarlo... Está a punto, desesperado, de volver a echarlo al agua. Una mujer mira a su marido, que aparenta más de los 55 años que tiene, y piensa que ese hombre ya no puede coger la maleta y emigrar, como hicieron tantos de su familia. No, ni los telediarios ni los periódicos pueden informarnos de los sentimientos del mar. Sólo los escritores pueden hacerlo. Y lo ha hecho Suso del Toro (Santiago de Compostela, 1956) en un libro apresurado, visceral, que se llama "Nunca Máis" (Ed. Península). Suso escribe con ira, con rabia. Pura cólera. Y no habla del Prestige. Habla de cómo el chapapote ha cambiado a los gallegos, de por qué los diez mil gaiteros de Fraga se han puesto a gritar "Dimisión". Habla del corazón humillado de los que miran un mar roto, un futuro en pedazos. De lo que no sabíamos.

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31/10/2010

La ministra y el académico

Hola. Era inevitable: esta es otra columna más sobre Arturo Pérez Reverte, novelista de gran éxito de ventas y, ¡glups!, miembro de la Real Academia Española. Don Arturo ha reprochado a don Miguel Ángel Moratinos que llorara en público al dejar su cargo de ministro de Asuntos Exteriores. En Twitter, escribió: "A la política y a los Ministerios se va llorado de casa. Luego Moratinos, gimoteando en público, se fue como un perfecto mierda". Pero ¡qué machote es don Arturo! Para mí, que un día de estos reta al mismísimo Chávez a un duelo con sable. Ciertamente, hay un libro muy antiguo que da normas en cuanto a lo masculino y lo femenino. En el primer capítulo, ya distribuye los colores para el ajuar del bebé (el azul es de niños y el rosa, de niñas) para, más adelante, adentrarse en terrenos puramente domésticos; sirva este ejemplo, cogido al azar: "En habiendo mujer en casa, planchar o tender la ropa no es propio del varón". En otro apartado, se dice muy claramente que un hombre no debe llorar en público, pues el llanto indica debilidad y es propio de la sensibilidad femenina, aunque se admite la excepción del entierro del padre. No me pregunten en qué editorial está publicado este libro; está impreso en el subconsciente colectivo y, con eso, basta. Pero don Miguel Ángel Moratinos está llegando a una edad en la que se pasa ya de los libros de instrucciones; el hombre se emocionó, soltó unas lágrimas y se quedó tan a gusto. Pero don Arturo, guardián de la ortodoxia, desenvainó su acero y le llamó 'perfecto mierda'.
        Y la ministra de Cultura, que hace bien poco manifestó su irritación ante una patochada machorra del alcalde de Valladolid, justifica ahora a Pérez Reverte porque "los intelectuales tienen la libertad de opinar como consideren". Por favor, señora ministra, que para insultar no hace falta tener carrera. ¿Qué patente de corso es esa que adjudica usted a los intelectuales? No se puede tener doble rasero: uno para alcaldes que no son de su partido y otro, para escritores mediáticos. Cuando el insulto sustituye al pensamiento, ahí ya no hay un intelectual sino tan solo un maleducado. En este caso concreto, un académico (¡glups!) prepotente y zafio. Nos vemos.
       
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13/09/2010

La memoria se va de copas

Creo que fue Woody Allen quien soltó esto: "No solo de pan vive el hombre, de vez en cuando también necesita un trago". Es un epigrama lleno, más que de ingenio, de indulgencia. El bebedor siempre han suscitado sentimientos de lo más variado en nuestra sociedad, desde el puro rechazo a la simpatía. Se puede beber para disfrutar o para olvidar (lo que podría ser la misma cosa) o, también, para eludir las responsabilidades que la realidad exija, pues el alcohol no es otra cosa que una realidad alternativa: un planeta con leyes redactadas en la somnolencia y escritas con letra ilegible. Cuando se bebe, la memoria también bebe y, después de una cogorza, no es tan fácil encontrar los recuerdos.
        Estas digresiones vienen a cuento de una noticia que los medios han considerado curiosa: hace pocas semanas, en un juzgado de Nueva York se ha presentado una demanda contra un tal Carl Haggerty, al que acusan de haber extraviado un lienzo de Jean-Baptiste-Camille Corot, valorado en un millón de euros. Parece ser que el pavo hacía de intermediario entre el propietario y un posible comprador inglés y en sus idas y venidas con el cuadro a cuestas después de cenar, lo perdió. Por toda explicación, Haggerty ha declarado que había bebido mucho esa noche y que no se acordaba de nada. Brindemos por el intermediario beodo porque, entre otras cosas, ha hecho que se reviva a Corot, un pintor de la llamada escuela de Barbizon, un pueblo entre bosques no lejos de Paris. A mediados del siglo XIX, unos cuantos artistas (considerados como precedentes del Impresionismo) se refugiaron allí para volcarse en la pintura de la naturaleza. Para mí, oír Barbizon es acordarme de un profesor de arte muy temido en la Universidad de Zaragoza, Francisco Abad, porque él era un forofo de un colega de Corot, Jean François Millet, y de sus cuadros 'El ángelus' y 'Las espigadoras'. Uff, qué nervios en aquellos exámenes, todavía tiemblo. Pero volvamos al borrachín que perdió la valiosa obra. En los foros de Internet se dice que su excusa, tan aparentemente ingenua, solo es una impostura para introducir el cuadro en el mercado negro del arte, pero yo prefiero creer que pilló una curda y que no recuerda nada, porque su desmemoria, empapada en vino o en bourbon, qué más da, me ha devuelto a unos grandes pintores olvidados y al profe que me enseñó Historia del Arte para siempre.
       
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21/12/2009

Una torre es una torre

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       El máximo atractivo de una torre consiste en subirla. Uno ve una torre, le entra gusanillo, y si le dejan, sube hasta lo más alto; contempla lo que casi siempre es una espléndida vista y se hace unas fotos. Antaño, las torres podían tener funciones defensivas o religiosas o simplemente publicitarias (porque donde hay una torre, hay poder) pero cuando el ingeniero Gustave Eiffel decidió levantar una de 300 metros, toda ella hecha de hierro, en el Campo de Marte de Paris y justo al lado del Sena, todo cambió. Metáfora de la Revolución Industrial, la torre Eiffel se convirtió en un extraordinario reclamo turístico de la ciudad y, al cabo de algunos años, en emblema de Francia, es decir, en eso que algunos llamarían hoy la "marca de un país". Para subir a la torre Eiffel, hay que comprar una entrada (de 5 a 13 euros) pero eso no debe importar porque millones de personas pasan por taquilla cada año. Y eso que en el hueco de la torre Eiffel no hay nada más que un ascensor.
        No pasaba eso en la Torre del Agua de Zaragoza. Inaugurada en 2008, inmediatamente se convirtió en un popular paseo en vertical para miles de visitantes por una razón que la hacía única: su interior era tan atractivo o más que el panorama que se divisaba fuera. Si se miraba hacia dentro, se veía una enorme gota de agua dividiéndose en cientos de gotas más pequeñas. Esa escultura, llamada Splash, tardó poco en convertirse en una atracción artística de primer orden y en objetivo mimado de fotógrafos de todo el mundo. Nadie ha entendido, pues, el extraño pacto entre el Ayuntamiento y una entidad bancaria (la CAI), por el cual se ha desmontado la escultura. Dicen que la torre se transformará en un museo pero ¿hace falta un museo cuando puede contemplarse la naturaleza en 360º, cambiando de color con la luz del día y el transcurso de las estaciones? ¿Qué cuadros podrán hacer olvidar el paisaje que hay tras esos cristales? ¿Qué esculturas podrán reemplazar el Splash y medirse con el recuerdo que tenemos de él? Uno se pregunta para qué sirven los asesores culturales de las instituciones. Parece que no tienen muy claro lo que es una torre, como si ninguno de ellos hubiera subido nunca la de Gustave Eiffel.
       
       *Fotografía tomada por el autor del artículo
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12/10/2009

Tango del Palau

Patrimonio de la humanidad, el Palau de la Música de Barcelona es una joya del modernismo debida al arquitecto Lluis Domènech. Es un edificio singular por la importancia que da a las artes decorativas, tan en boga en toda Europa a principios del siglo XX. El hierro, la madera, los azulejos y las vidrieras contribuyen a una decoración muy integrada en la estructura del edificio aunque quizá excesiva en su barroquismo. Si en la obra de Gaudí se aprecia el deseo de trascender, de volar hacia lo universal, en el Palau parece dominar el deseo de complacer en un ámbito más doméstico. Con el tiempo, eso es indiscutible, se ha convertido en un ejemplo extraordinario del movimiento de las Artes y los Oficios, surgido de la revolución industrial.
        Además, el Palau ha tenido siempre un valor simbólico muy fuerte. Si el Liceo se consideraba el referente musical de las clases altas, el Palau lo era de la pequeña burguesía. Por muchas razones, el Palau acabó siendo un monumento al sentimiento nacionalista de Cataluña, como si fuera una exaltación de las virtudes de la tierra: trabajo, sensatez, inteligencia y ahorro. Es decir, el "seny" en toda la extensión de la palabra. Por eso, puede comprenderse fácilmente la vergüenza que ha sentido la sociedad catalana a ver su Palau convertido en el escenario de uno de los casos de corrupción más duraderos y más consentidos de los que están surgiendo en España. Resulta que su presidente, el señor Millet, honrado y condecorado repetidamente, ha estado robando de los fondos que él administraba durante años, basándose en la confianza que despertaba en sus benefactores. Lloraba mucho, hablaba de los apuros por los que pasaba el Palau y explotaba tanto la sentimentalidad catalanista como la generosidad del Ministerio de Cultura.
        Estuve allí no hace un año, en una actuación del grupo Gotan Project, que mezcla tango con música electrónica. El sonido era excelente y el marco, incomparable, que se dice, pero no se oyó el tango que tenía que haberse oído, el lúcido "Cambalache" de Enrique Santos Discépolo, que ahora canta por lo bajinis hasta el mismísimo Orfeó Català: "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor... ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón..."
       
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04/10/2009

El meollo del titular

Hola. Fue en un telediario de hace pocos días cuando Ana Blanco, una presentadora de muy premiada experiencia profesional, leyó el siguiente titular: "Condenado a dos años de prisión el ex concejal del ayuntamiento de Palma de Mallorca que pagó con una tarjeta del consistorio gastos por más de 50.000 euros en clubes de alterne gay". Vamos a ver, en realidad ¿por qué ha sido condenado? ¿Por afanar dinero público o por gastarse ese dinero en clubes de alterne? ¿O quizá porque esos clubes eran de modalidad gay? No queda claro y aunque el sentido común nos dice que tiene que ser por la primera razón, ese titular se ha repetido en casi todos los medios con mínimos cambios. En un periódico castellano, por ejemplo, se dice: "Condenado el concejal burgalés del Ayuntamiento de Palma de Mallorca, etc." Vaya, vaya, o sea que el delincuente era de Burgos, fíjate.
        En un manual para periodistas, leo: "Los titulares han de ser inequívocos, concretos, accesibles para todo tipo de lectores y ajenos a cualquier tipo de sensacionalismo". El titular comentado incumple, al menos, dos de estos requisitos; siendo lo más grave su desviación hacia el amarillismo. Da igual que el ladrón se gaste lo robado en coches o en comilonas, en clubes de alterne o en obras de arte; lo verdaderamente importante es que, una vez más, un político aprovecha su poder para hacerse con dinero de los ciudadanos, dado que su sueldo le parece insuficiente. Y es en eso donde debe estar el meollo de la noticia, el mensaje claro del titular. Nos han caído encima tiempos duros y difíciles; el gobierno acaba de subir los impuestos y el personal se ha vuelto irritable, necesariamente susceptible. Sienta mal tener que oír, un día sí y otro también, casos de responsables políticos que llevan años enriqueciéndose a costa de lo que es de todos. Al menos, sería muy bonito que los medios abandonaran términos eufemísticos como "desvío de fondos", "transferencias no justificadas", "pagos por servicios no prestados" o "contabilidad opaca" y volvieran al léxico más castizo de nuestra lengua, con palabras como "robo", "atraco", "timo" o "pillaje". Volver al María Moliner de vez en cuando es muy saludable. La ley es muy lenta con ciertos chorizos pero el diccionario siempre está ahí, inmediato y asequible, llamando cada cosa por su nombre, señalando el meollo del titular. Nos vemos.
       
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16/08/2009

Francisco Camps: la elegancia en ambulancia

Hola. A nadie le interesa ya el tema de los trajes de Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana. Ya saben, me refiero a esos trajes tan caros de los que ha sido imposible encontrar el ticket de compra. Como el señor Camps no hizo lo que hay que hacer, que es guardar los tickets por si hay que reclamar, sus enemigos aprovecharon el descuido para montarle un gran pollo, diciendo que unos empresarios un pelín facinerosos le habían regalado esos trajes a cambio de favores. La cosa se puso tan grave que parecía inminente que el señor Camps tuviera que presentarse a juicio. Pero el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha decidido archivar este caso y eso, claro está, ha supuesto un gran alivio para el partido Popular y, por qué no, también para muchos ciudadanos, hartos ya de que los telediarios empezaran siempre hablando de sastres.
        Pero el daño ya está hecho porque, a partir de ahora, Francisco Camps nunca podrá ser elegante. Ciertamente, lleva trajes que cuestan aproximadamente 3.000 euros, confeccionados con finas telas traídas de Florencia; en consecuencia, él tendría que ser un político admirado por su elegancia. Pero la revista "¡Hola!" publica su lista de los más elegantes de España y en ella, sólo hay sitio para toreros y aristócratas; a Camps, ni se le nombra. Miremos la lista dada a conocer por el Club de Sastres, que es más amplia, y otro chasco: entre presentadores de televisión, futbolistas y banqueros es imposible encontrar al presidente valenciano. La elegancia, dicen, no es una cuestión de corte, confección y cheque sino algo más indefinible, que forma parte de lo que llamamos estilo, que se tiene o no se tiene y que ni se compra ni se puede regalar. Para mí, lo que impide a Camps sobresalir en elegancia es la forma de pago utilizada por sus generosos amigos en la sastrería. El sastre lo declaró repetidamente: "Me pagaban los trajes con fajos de billetes de 500 euros". Uf, eso es como un lamparón en una camisa recién planchada. Y si los billetes iban sujetos con una goma elástica, ese lamparón ya no se puede quitar con ningún detergente. El dinero B (también se dice "negro"), aunque admitido y deseado en los comercios de lujo, mata cualquier asomo de estilo y, así pasa que, como canta Ariel Rot, "la elegancia ahora viaja en ambulancia". Nos vemos.
       
       * A pesar de lo escrito anteriormente, Francisco Camps ocupa el último puesto en la lista de los 50 hombres más elegantes del número de junio de 2009 de la revista GQ. Eso sí, no puedo dejar de ver mucha ironía y algo de maldad en las razones para su inclusión pues, además de hacer referencia a su posible implicación en tramas corruptas, en la revista se habla de su "infalible ojo para los trajes a medida" y de su "versión fallera de la sagrada precisión de Savile Row" (una calle de Londres famosa por sus camiserías y sastrerías.
       
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09/08/2009

Manzanas y flechas

Altdorf es una ciudad suiza de unos 9.000 habitantes que es la capital del cantón de Uri. Una ciudad limpia, fría e idílica que, no obstante, ha tenido sus días convulsos. Muy a principios del siglo XIV, un tal Wilhem Tell paseaba con su hijo por la plaza y no hizo la reverencia exigida al soberano de Austria, que se había anexionado tierras suizas. Wilhem fue detenido y, ya que tenía fama de buen ballestero, fue obligado a lanzar una flecha a una diana perversa: una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. La flecha se clavó en la manzana, pero ese fue solo el comienzo de la larga historia que configuró a Wilhem Tell como héroe de la independencia de su país. O, todavía más, como héroe del repertorio legendario de la humanidad. Un hombre rebelde, una flecha y una manzana son los elementos, cargados de simplicidad y reminiscencias clásicas, con los que se ha creado este mito, que es de sombra alargada
        Más de 6 siglos después, William S. Burroughs, un escritor americano, colega de Jack Kerouac y Allen Ginsberg (líderes de la pandilla de la generación Beat), mató accidentalmente a su mujer, Joan Vollmer. Era el año 1951 cuando el escritor y algunos amiguetes se montaron un guateque en un piso de Ciudad de Méjico; probablemente, iban hasta arriba de todo, ya saben, alcohol del fuerte, marihuana, etc. En un momento de la fiesta, el escritor decidió imitar a Guillermo Tell y disparar con una pistola al vaso que su esposa se había puesto encima de la cabeza. Joan Vollmer murió en el acto, herida entre ceja y ceja. Inexplicablemente, a Burroughs su mala puntería no le llevó a la cárcel. Él dice que aquello le inició en un proceso de expiación creadora; a partir de entonces, no dejó de escribir.
        El 21 de julio pasado fue el día de la Fiesta Nacional de Bélgica y un terrorista había amenazado con que, ese día, dispararía con su ballesta al corazón de la reina Fabiola. Esta no se amilanó y asistió a las celebraciones y, al final del desfile militar, alzó el brazo y mostró sonriente una manzana. El humor de esta octogenaria fue una flecha certera al corazón del loco arquero. Dicen que la estatua de Wilhem Tell, en la plaza mayor de Altdorf (cantón suizo de Uri) todavía se está riendo.
       
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15/03/2009

El gran olvidado

Hola. Antes de seguir, por favor, si hay niños leyéndome, que dejen de hacerlo porque voy a hablar de cuando a Rodríguez Zapatero se le escapó, la semana pasada, una palabra muy fea en público. Bueno, si los niños ya se han ido, los adultos, por favor, que no se me distraigan. Conviene repasar el incidente por si alguien no se ha enterado: con el presidente ruso Medvedev al lado y con toda la prensa delante, Zapatero declaró que se había conseguido un acuerdo para "estimular, para favorecer, para fxllxr, para apoyar el turismo ruso." ¡Glups! ¡Vaya lapsus! Naturalmente, en todos los medios se ha comentado esta jugada que el subconsciente le gastó a nuestro jefe de gobierno. El subconsciente, que no se nos olvide, es un animal indomable al que hay que llevar siempre atado con correa. Pero, ay, en ningún periódico se ha escrito ni una sola línea sobre la persona que peor lo tuvo que pasar durante ese embarazoso incidente. Yo sí que quiero hablar del gran olvidado; me refiero al intérprete simultáneo, ese currante.
        ¿Qué hizo él, o ella, cuando oyó "fxllxr"? Me pregunto si se sonrojó, se echó a reír o, simplemente, se quedó boquiabierto. ¿Tradujo la palabra? Estoy seguro de que en ruso hay una para eso porque en los idiomas que conozco no hay una sino varias. ¿Prefirió callarla? ¿O cambiarla, un poner, por "fomentar"? En fin, dicen que la interpretación simultánea es la profesión más estresante después de la de controlador aéreo. Y, encima, no goza de mucha consideración. Es más, se tiende a desconfiar de la labor de los intérpretes y eso que, a veces, tienen que solventar, por su cuenta y riesgo, situaciones difíciles. Daniel MB, un conocedor de este oficio, me comenta que, en ocasiones, ante la imposibilidad de traducir un chiste, el intérprete tiene que decir: "el orador ha contado un chiste, por favor ríanse." Y la audiencia se ríe, bien por amabilidad o porque le hace gracia el ruego en si. Y en otra ocasión, uno tuvo que hacer la interpretación de la conferencia de un filósofo alemán, ya muy mayorcete, al que no se le entendía casi nada. El intérprete, que conocía su obra, tuvo que inventarse media conferencia. Pero a él nadie le aplaudió. Venga, un aplauso para los que traducen sobre la marcha, que se lo merecen. Nos vemos.
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15/02/2009

La guerrilla prank

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       Hola. No sé si recuerdan cuando nadie ponía en duda lo que se decía por la radio. Después, aquella creencia en la indiscutible veracidad de los medios se trasladó a la televisión: "Lo han dicho en la tele", se oía con frecuencia para asegurar la certeza de un hecho. Pero ahora parece que el concepto de credibilidad es cosa de YouTube, ese portal de Internet repleto de vídeos. Cualquiera puede meter uno suyo ahí pero eso, precisamente, es lo que le otorga un plus de espontaneidad, de no sujeción a los imperativos comerciales o ideológicos a los que se someten otros canales de información. En consecuencia, YouTube se ha convertido en la vía preferida para el engaño; por muy falso que sea el vídeo, habrá miles de incautos que se lo traguen.
        Hace pocas semanas, los informativos (esos "reductos de seriedad") de todas las cadenas de TV emitieron unos spots baratos, de estilo doméstico, a cargo del futbolista Fernando Torres. La noticia era que Torres, siendo un deportista tan cotizado, se había prestado, por pura amistad, a anunciar una peluquería de barrio y una humilde escuela de tenis. Se resaltaba, pues, la generosidad de un hombre joven y ahora millonario pero fiel a sus raíces. Bueno, esos negocios no existen y todo forma parte de una campaña de una agencia publicitaria para un banco. Una broma. Por las mismas fechas, circuló por YouTube un vídeo del Gran Wyoming, el satírico comunicador de la Sexta, en un ensayo de su programa "El intermedio", en el que se le veía como un jefe déspota que vejaba a una becaria. Escandalizados, todos nos lo creímos y otra cadena de televisión, Intereconomía, enfrentada a la Sexta, lo dio por bueno y lo difundió para gran regocijo de Wyoming, ya que todo era mentira. A esta práctica perversa se le llama "prank", una palabra inglesa que significa "bromazo"; una burla con la que se intenta demostrar que los medios no contrastan la información que les llega. ¿Y los espectadores? Uff, pues va a ser que ya no contamos para nada, metidos a la fuerza en medio del engaño. Tan ingenuos y tan antiguos (pero no tontos) dábamos por hecho la veracidad de ciertos programas. Hasta que llegaron los chicos de la guerrilla "prank", esos listillos. Demasiada confusión: van a terminar viendo la tele ellos solos, me temo. ¡Qué risa!

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18/01/2009

Teólogos "low cost"

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       Los ateos han pasado a la acción y tratan de difundir su mensaje por medio de publicidad en los autobuses urbanos. La iniciativa está bien pero me veo muy tentado a criticar el eslogan que han elegido: "Probablemente no hay Dios. Ahora deja de preocuparte y disfruta de la vida". Vamos a ver, ¿qué es eso de "probablemente"? Según el diccionario, "probablemente" significa que la posibilidad de que algo suceda es bastante alta pero no absoluta. O sea, que hay un pequeño margen para que suceda lo contrario. "Probablemente", "posiblemente" o "quizás" son palabras que usamos para no ser tajantes, para dar opiniones o emitir juicios sin pillarnos los dedos. Por favor, contéstenme: ¿hay Dios o no hay Dios? Sin rodeos, ¿sí o no? Para mí, que si los mismísimos ateos no están seguros del todo de que Dios no existe, es que existe. No quiero cargarme una campaña publicitaria que ha tenido que costar un pastón, pero me parece que les ha salido el tiro por la culata y que están propagando justamente lo contrario a lo que pretenden a causa de ese resquicio de duda.
        Lo triste es comprobar lo mucho que se ha deteriorado la argumentación teológica. En el siglo IV, Agustín de Hipona, iba paseando por la playa y vio cómo un niño quería meter toda el agua del mar en un hoyo hecho en la arena. "¡Eso es imposible!", le advirtió el santo varón y el chavalín le soltó: "Más imposible es lo que tu estás haciendo: tratar de comprender con tu pequeño cerebro el misterio de Dios". Es un razonamiento que te da buen rollo, que te recuerda los veranos de la infancia. Y hace sólo diez siglos, Anselmo de Canterbury elaboró un argumento complicado, pero intelectualmente muy estimulante, partiendo de esta idea: "Dios es algo mayor que lo cual nada puede pensarse". Difícil de entender, sí, pero que te obliga a darle vueltas al coco durante días. En fin, no me gusta el eslogan ateo de los autobuses por una cuestión, más que nada, de estilo. Necesitamos pensadores urgentemente porque "Posiblemente ya nadie piensa y, así, no se puede disfrutar de la vida"

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