Demasiado asfalto

08/11/2010

Ciudades inteligentes

Hola. Europa está llena de ciudades de más de 250.000 habitantes con mucha historia, mucho encanto y muchos problemas comunes. Dado que son competidoras entre sí y sin embargo amigas, decidieron un día agruparse en una asociación, Eurocities, que acaba de celebrar su reunión anual en Zaragoza. Hay que destacar la impecable organización del encuentro, montado con sencillez y simpatía mañas pero también con indiscutible eficiencia, ese rasgo que hasta ahora parecía exclusivo de los europeos del norte. Zaragoza ha presumido de ser ella misma, porque puede, pero lo ha hecho con naturalidad, o sea, sin recurrir a ningún exceso para impresionar.
        Una ciudad, se ha dicho, debe definir su identidad, tener muy claro en qué ha destacado históricamente y, a partir de ahí, desarrollar proyectos innovadores basándose en el talento. Las ciudades necesitan ideas, es decir, convertir la inteligencia en el motor de su crecimiento. Hay que crear talento, atraerlo de otros lugares y cuidarlo para que se quede. Bristol, al oeste de Inglaterra, reconoce su auge al haber sabido aprovechar la energía de los movimientos vecinales, la alemana Leipzig ha potenciado su tradición musical mientras que La Haya quiere ser, ya lo es, la urbe de las instituciones que trabajan por la paz y el derecho. Jerónimo Blasco vendió bien Zaragoza ante los alcaldes extranjeros y lo hizo en inglés; esto hay que decirlo, porque es muy raro que un político español sepa idiomas. De Zaragoza, señaló que siendo la quinta ciudad de España en población, es la número veintitantos en cuando a delitos; y que se ha evitado la guetización (el palabro es mío) de los inmigrantes y es que la inclusión social de los llegados de otros países es uno de los principales retos de los ayuntamientos europeos. También comentó, para indicar lo acogedores que somos, que esta es la segunda universidad preferida por los Erasmus; no dijo nada, naturalmente, sobre el bajo precio del litro de cubata como razón de peso pero es que tampoco hay que dar excesivos detalles. Y hoy he leído que los congresistas se fueron a cenar al pabellón puente. No me importa nada no haber sido invitado porque les dieron borraja con patatas y yo soy más de acelga y de judía verde. Para terminar, una pregunta, por eso de la identidad cultural de las ciudades: ¿se ha oído alguna jota durante el encuentro? Nada más; nos vemos.
       
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17/10/2010

Los bobbies ingleses

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       Hola. 'Bobby' es el diminutivo de Robert y también es el apelativo popular que se ha dado tradicionalmente a los policías locales ingleses por una simple razón: Robert Peele era el nombre del ministro del Interior que fundó este cuerpo en 1828. Su imagen nos es familiar por el cine o los noticiarios: impecablemente uniformados, muy pulcros, con camisa azul y corbata, con el casco perfectamente calado y, desde luego, sin gafas de sol. También es verdad que en Inglaterra las horas de sol son escasas, pues es un país de clima endiablado, muy cambiante incluso a lo largo del día. Lo normal es que los 'bobbies' vayan sin armas, tan solo con una porra que, según su reglamento, deben llevar lo más disimulada posible. Pero, como la sociedad inglesa se ha hecho más violenta, el número de policías con permiso para ir armados ha crecido en los últimos tiempos. Lo que no ha cambiado es la relación de los policías con la sociedad que les da empleo y a la que sirven; se les respeta y aprecia pues allí todos están convencidos de que su papel es el de ayudar y proteger al ciudadano. Tristemente, de esa buena consideración no gozan por igual los 'bobbies' de otros países europeos. Hay países en los que no se ve al policía local como alguien que te ayuda sino como alguien que está vigilándote, a ver qué haces mal para penalizarte; es decir, no se le ve como fuente de protección sino de desazón.
        Hará ya unos tres años, aparqué muy mal mi coche delante de casa para descargar un mueble. No iba a tardar más de diez minutos en hacerlo y recuerdo que me subí un poco al bordillo para no obstaculizar el tráfico; metí el mueble en el portal y salí corriendo a coger el coche de nuevo. Cuando estaba abriendo la puerta veo a un policía muy joven correr hacia mí, gritándome "¡Voy a por tí!". Por supuesto, no creo que todos los policías saluden así; me imagino que dirán cosas convencionales como 'buenos días' o 'buenas tardes' pero a mí me tocó el que decía '¡Voy a por tí!' Me pidió el carnet, la documentación y el recibo del seguro, siempre tuteándome, a pesar de la gran diferencia de edad. No me multó (creo que porque yo ya estaba en situación de mover el coche) pero hubo algo desagradable en aquel encuentro, que me hizo acordarme de los 'bobbies' que yo había conocido en Inglaterra. Un día, me dije, escribiré algo sobre la policía inglesa.
       
       Este artículo fue motivado por un incidente entre la policía local de Zaragoza y un grupo de personas en la céntrica calle Zurita. El altercado había ocurrido unos quince días antes y tuvo un amplio eco en la prensa local. Parece ser que unos policías entraron con su coche en la calle, que es de dirección contraria, y aparcaron para tomarse un café en un bar. Esta infracción les fue recriminada por algunas personas, lo que provocó una reacción desmedida. Pinche aquí, si se quiere leer la noticia , aunque les recomiendo leer la información que apareció al día siguiente, con las justificaciones de la jefatura a la actuación de los guardias.
       
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03/10/2010

Todo está en la vida

Cuando un escritor se suicida, aumenta sin querer su leyenda y su cotización literaria. Por ejemplo, Ernest Hemingway rubricó con el suicidio una vida adicta al exceso y a la acción. Un final por enfermedad o vejez le resultaba inadmisible: "Si no puedo existir como yo quiero, la existencia es imposible", declaró a su biógrafo Aaron E. Horchner, y un día de julio de 1961 se disparó en la frente con una escopeta de dos cañones. A partir de esa fecha, se convirtió en un personaje emblemático de la literatura americana, aunque muchos han olvidado que fue premio Nobel. Mariano José de Larra (1809-1837) sigue siendo considerado el gran clásico del periodismo de opinión, pero su suicidio exquisito con una pequeña pistola de plata después de ser rechazado por Dolores de Armijo, por la que sentía una obsesiva atracción, lo convirtió en el mito por excelencia del Romanticismo español. Y es difícil saber si la poeta estadounidense Silvia Plath sería igual de admirada si no hubiera acabado con su vida a la edad de 30 años, tras una convulsa existencia, marcada por su personalidad bipolar y por su matrimonio con el poeta inglés Ted Hughes. Pero cuando salimos de la ilustre comunidad de los artistas, es decir, cuando bajamos al mundo de la gente anónima, dar fin a la propia vida ya no aporta leyenda sino tan solo dolor y una carga insoportable de culpa en el entorno del suicida.
        Este tema delicado, tradicionalmente tabú, ha saltado varias veces a los medios de comunicación en las últimas semanas. Los dos casos más llamativos han sido el de la empresa Foxconn, que fabrica el iPad de Apple en China, y el de France Telecom. En la primera, se han suicidado nueve empleados en lo que va de año y en la segunda, se han matado más de cincuenta desde 2008. A la vuelta de vacaciones, el nuevo presidente de la compañía francesa de telecomunicaciones, Stephane Richard, ha declarado: "No erradicaremos desgraciadamente los suicidios, que son parte de la vida". La tendencia natural de los franceses a filosofar ha producido esta perogrullada lúgubre, que intenta eximir de responsabilidades al capitalismo de los nuevos tiempos. ¿Son también parte de la vida prácticas empresariales como los despidos, los traslados forzosos o la fijación de objetivos casi imposibles? Al final, va a ser esto lo que nos quieren hacer creer. ¡Pues vaya vida!
       
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26/09/2010

Río de remeros

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       Hola. El Ebro ya no es lo que era: de ser un río asilvestrado que pedía perdón por atravesar una ciudad, ha pasado a ser un río urbano pintado a la acuarela. Así se le ve desde el azud de Vadorrey, que es una superficie de agua hecha de tela de seda. Hoy, con viento de bochorno soplando, rasga esa tela, una y otra vez, José Manuel Cerdán cuando rema en su embarcación individual, un skiff, en su rutina diaria de entrenamiento. Cerdán (del club Os nabaters d'o flumen) ha sido 4º en el campeonato absoluto de España; no está solo, que también Sergio Cazorro (del club Helios), ha quedado 4º en categoría sub 23. Ambos continúan la tradición de los grandes remeros aragoneses, como Carlos Muniesa o el prematuramente desaparecido Carlos Bielsa.
        Son datos que pocos conocen y es que los que no reman no saben, ni parecen querer saber, nada del remo como deporte. Hay que decir esto, porque conozco a muchos que nunca han jugado un partido y entienden más de fútbol que Mourinho y Guardiola juntos y a otros que, no habiendo conducido otro coche que el suyo, son expertos en Formula 1. Es una pena, pero el remo es uno de esos deportes de los que solo se habla cuando hay accidentes o se descubren casos de dopaje. Y, curiosamente, Aragón tiene una larga tradición remera. Ya en 1958, en Zaragoza, se organizó la primera regata de yolas del campeonato de España.
        ¿No les importa que hablemos de las yolas? Sólo será un minuto, de verdad. La yola es una de las embarcaciones más antiguas que se conocen y, en Aragón, ha terminado convirtiéndose en la más tradicional. Generalmente, va tripulada por cuatro remeros (cada uno con un solo remo) y un timonel. En una competición de yolas, se suelen hacer distancias de 2.000 metros, pero en largos de 250 que terminan en giro en torno a una boya. Esto lo hace muy espectacular pues la fuerza que se emplea en la línea recta tiene que competir con la pericia al dar las vueltas; es decir, que los remeros más fuertes pueden ser dominados por los más hábiles. Precisamente, el 3 de octubre habrá una prueba de yolas en el azud. Buena ocasión para disfrutar del nuevo Ebro, del que ahora empezamos a ser amigos, y buen momento para reivindicar un deporte con tradición y grandes remeros pero, incomprensiblemente, sin sitio suficiente para guardar las embarcaciones. En fin, así está el tema. Nos vemos.
       
       Gran parte de la información vertida en este artículo tiene su origen en una conversación con Antonio Sancho Navarro, presidente de la Federación Aragonesa de Remo.
       
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26/07/2010

La ciudad arrebatada

Hola. Un muchacho mete un gol en una final del Campeonato del mundo de fútbol y se oye un estruendo de voces: "¡Viva Albacete!"; y es que el jugador en cuestión es de Fuentealbilla, una pequeña población de esa provincia. Si en ese mismo partido, el portero detiene una pelota del contrario, el grito unánime es "¡Viva Móstoles!" porque ese portero ha dicho muchas veces que es de allí. Y Penélope Cruz, una actriz española de bellos ojos oscuros, dejó muy claro de dónde era cuando agradeció el Oscar que le había concedido la Academia del Cine en Estados Unidos. "Me crié en Alcobendas", fueron sus palabras exactas, enviando el mensaje subliminal (lo que en inglés se llama 'understatement') de que a pesar del premio recibido y del carísimo vestido que llevaba puesto, ella seguía igual de sencilla y fiel a sus orígenes. Fijémonos en los ejemplos anteriores y comprobaremos que en todos se conjuga el verbo 'ser de'. Atención a este punto: uno es de un sitio, pero el sitio nunca es de uno. La gente manifiesta su orgullo por ser de Teruel, de Soria o de Sevilla y no falta a la verdad, pues se basa en una configuración sentimental de planos y paisajes muy próximos, entrelazados siempre con la experiencia de la propia vida. Pero las ciudades tienen extraños dueños, que poco tienen que ver con sus habitantes. Basta con pensar en el IBI (la contribución) y en el impuesto sobre el Incremento del valor de los Terrenos (la plusvalía), que gravan la propiedad de los inmuebles. Recibos que recuerdan que el suelo no pertenece enteramente al propietario, por mucha escritura notarial que tenga a su nombre.
        A veces, no hacen falta los impuestos pues basta con un paseo para darse cuenta de que las ciudades no son nuestras. Como ejemplo, hablemos de la plaza de Santa Marta en Zaragoza, un hermoso rectángulo de la vieja urbe romana casi pegado a la Seo. Remodelada no hace mucho, la plaza dispone de siete bancos de madera para el descanso y la tertulia. Pero esa invitación al sosiego y a la convivencia se interrumpe con el buen tiempo, cuando una media docena de bares instala sus terrazas y ocupa todo el espacio disponible; entonces, los bancos públicos se quedan inaccesibles, sitiados por sillas y veladores, y se convierten en un mobiliario irónico, casi en un chiste, para recordarnos que la ciudad, quizá, sólo es de quien la alquila. Nos vemos.
       
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12/07/2010

Un tranvía de cuento

Hola. Me infiltro en un acto en el que el arquitecto Iñaki Alday expone el proyecto del tranvía de Zaragoza ante gente de su gremio. Lo bueno, o lo malo, de ser un infiltrado es que, carente de conocimientos técnicos, uno va cargado de inocencia y dispuesto a creérselo todo. Don Iñaki hace una exposición muy ordenada del asunto con planos, dibujos e infografías; y todo es maravilloso. Me recuerda aquellos cuentos con los que se inicia a los niños en el conocimiento de los medios de transporte: coches de colores vivos que circulan entre paisajes verdes salpicados de amapolas, o trenes alegres por cuyas ventanillas asoman las cabezas de Phileas Fogg y su ayudante.
        El proyecto Alday es un proyecto humanista, que intenta devolver la dignidad al ciudadano bípedo. Me voy a explicar: llevamos unos años en que la bicicleta se ha convertido en el icono del ecologismo guay, colocando al peatón en un lugar secundario y tristón. Sí, parece mentira pero ahora aporta más al desarrollo sostenible una persona montada en una bici que una persona andando. Así somos de papanatas. Por eso, produce cierta satisfacción que Alday se muestre tan contento por ese largo paseo sin interrupciones, al que llama 'andador', que irá paralelo al tranvía. A mi no me gusta la palabra 'andador', que me recuerda a taca-taca de niño; prefiero la de 'bulevar', que es más cosmopolita, pero da igual. El caso es que tendremos andador, carril bici y tranvía.
        Y los coches tendrán un solo carril de circulación y, si han de parar, podrán subirse a la acera (1) pero habrá un bordillo que les recordará que no están en su terreno, vamos, que les creará mala conciencia. Bueno, esto lo veo discutible porque un conductor solo se siente culpable de haber aparcado mal cuando tiene un policía detrás con una libreta en la mano. Pero, a pesar de los reparos, creo que todo va a quedar muy bien. Eso sí, por favor, exijamos coherencia urbana: que los hosteleros no pongan más mesas de las permitidas en las terrazas (y que el ayuntamiento no permita demasiadas mesas); que no se aparquen motos y que no surjan pizarras plegables en las aceras; que no se aten bicis en los postes de los semáforos; y que se dé una buena colleja (real o administrativa) a los que pintan graffiti. Quiero decir que los cuentos de ciudades, o las ciudades de cuento, no son solo obra de los arquitectos. Nos vemos.
       
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       (1) RECTIFICACIÓN: Con fecha 1 de agosto de 2010, Heraldo de Aragón publica un reportaje resaltando que los coches podrán invadir el carril del tranvía si tiene que parar una ambulancia. En mi artículo, digo que los cochees podrán invadir la acera y no es así. Una ambulancia podrá parar en el único carril de circulación existente y los coches que vengan detrás podrán circular momentáneamente por encima de las vías del tranvía. Estas están separadas por bordillos de solo 6 centímetros, elemento que recordará a los vehículos invasores que no están en su terreno.

COMENTARIO de Anónimo (17/07/2010):
       He leído con atención su artículo con el que estaría totalmente de acuerdo si lo estuviera con el concepto con el que lo enfoca el arquitecto Alday. Le asigna el nombre de "andador" y lo que pienso es un cambio radical respecto al uso que ha tenido esa zona central hasta ahora y que, por otra arte, debería seguir teniendo. La Gran Vía y su continuación estaba compuesta de dos andadores laterales, las aceras, y una zona intermedia, ajardinada, efectivamente sin continuidad peatonal, que en realidad era una serie de espacios tranquilos, cuartos de estar urbanos, unos auténticos oasis en medio de la vorágine circulatoria.¿ Podremos llamarlas estancias? Creo que si. Lo importante de los nombres en este caso es que llevan en si un cambio de concepto: se está pasando del estático al dinámico futuro. Antes la función dinámica andadora la facilitaban las aceras, ahora será todo el paseo.
        ¿Va a ser un obstáculo el "andador" de Alday para que el espacio central siga siendo estancia ? Yo diría que no pero el problema está en que tal palabra abre la puerta a otro elemento más dinámico que es la bicicleta: un carril bici doble va a ocupar una parte importante de los paseos. Aquí es donde me duele y por lo que estoy peleando, probablemente por una batalla perdida. Mis acciones son políticamente incorrectas pues llevar la contraria a lo que las altas esferas neoecologistas deciden en materia de dos ruedas está condenado al fracaso. El ciudadano medio está adoctrinado y defiende el carril bici por el centro del paseo, las asociaciones de vecinos también y de nada han servido mis argumentos de que el carril se haya metido de "extranjis" a última hora informando sólo a los correligionarios, que el Ayuntamiento se haya saltado a la torera las normas urbanísticas en vigor, que con quién debe competir la bici y quitarle espacio es con el coche pues para eso es un medio de locomoción, que en el Centro no hay apenas zonas verdes o que van a ser un riesgo para los niños pequeños que ahora corretean libremente por la zona. Nada de nada. Imperturbables.
        La historia es más larga y detallada. Con mi ojo de arquitecto me la he mirado despacio y puedo contar más. Habrá podido apreciar que en el fondo este escrito es un desahogo. Como suele decir en su despedida, nos vemos.

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19/04/2010

Presente ausencia

Hola. Algo extraño está pasando en la oficina porque el colega que solía bajarse al bar a tomar café a media mañana, ya no lo hace. Y aquel que desaparecía varias veces, con discreción y alevosía, permanece localizable en su puesto a cualquier hora. Ya no se oyen aquellos diálogos característicos de los buenos tiempos: "Oye, ¿donde está JX? Hace un momento estaba en su mesa y ya no lo veo", pregunta alguien y otro contesta: "Le he oído que tenía que subir a la cuarta planta". Cuando JX regresaba, los que habían preguntado por él ya no estaban y cuando estos volvían, JX se había ido al baño. Pero, tranquilos, este absentismo intermitente ya es cosa del pasado.
        Veo en la tele a la presentadora de un telediario hablar de que ha aumentado el 'presentismo'. Lo dice con sonrisilla y es que los medios adoran estos términos que sirven de etiqueta, porque acertar con la etiqueta eleva el rango del contenido de la noticia, aunque simplifique su información. Quizá la presentadora piense algo así: "Es un tema banal, sí, pero lo voy a introducir con esta palabra, que suena como a enfermedad, y me va a quedar bien chulo". El caso es que se habla mucho de 'presentismo' y, cómo no, a instancias de la Internacional Petulante, de 'la cultura del presentismo'.
        Parece ser que la crisis y el miedo a quedarse sin empleo están terminando con los que se escaqueaban en el curro con cualquier excusa y haciendo que los que faltaban por causas justificadas únicamente, falten ahora por periodos de tiempo más cortos. "¿Qué pasa, JX, que llevas unos días que no sales a tomar el café?" Sin levantar los ojos de la mesa, JX responde a su compañera: "¿Sabes qué?, ha mejorado mucho el café de máquina; ya no es el aguachirlis de antes." Pero esta historia de amor renovado entre trabajadores y empresa, tiene mucho de ficticio, porque estar presente no implica que no se esté ausente. Que España está a la cabeza en horas trabajadas y a la cola en productividad es bien sabido y lo aceptamos (a sugerencia de la Internacional Petulante) como propio de 'nuestra idiosincrasia nacional' y, desde ya, como consecuencia del 'presentismo', que (no sé si hacía falta aclararlo) solo afecta a la empresa privada; en los organismos públicos, más reacios a los cambios, todavía no se ha detectado. Nos vemos.
       
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11/04/2010

Corrupción e interiorismo

Hola. El tema de hoy es la decoración de interiores; un tema de actualidad gracias, sobre todo, a los inmuebles de los protagonistas de las tramas de corrupción. Cuando se pilla a políticos o empresarios corruptos, no hay cosa que les guste más a los medios que ponerse a cotillear dentro de sus casas. Un día, nos enteramos de que Juan Antonio Roca, que se hizo inmensamente rico como asesor municipal de Urbanismo en Marbella, tenía un cuadro de Miró en el baño. Eso sí, los medios nunca informaron de un dato positivo: el cuadro no estaba colgado al revés. Ignoramos todavía cuáles son las pinturas que adornan la propiedades de la alcaldesa de La Muela pero ha de haberlas porque 1), como dice mi vecina la Visi, "las paredes, hay que vestirlas" y 2) el dinero negro y el arte se llevan muy bien, sobre todo cuando el comprador se salta la galería y acude directamente al estudio del artista. El artista tiende a contemplar con distanciamiento ese momento tan antiestético en que su cliente saca un gran fajo de billetes del bolsillo y se pone a contarlos. Más estéticas son las transferencias bancarias, pero entonces los clientes disminuyen. Es así.
        En su palacete de Mallorca, Jaume Matas, expresidente del Gobierno balear, tiene escobillas de retrete que cuestan 350 euros. Yo he visto, en catálogo, la escobilla y es minimalista, de líneas sencillas y no lleva cristales de Swarovski. Se ve que el señor Matas no es una persona ostentosa, todo lo contrario a sus colegas de partido de Valencia. A estos, un señor apodado "el bigotes" les regalaba relojes, maletas y mucha confección; cosas para el exterior y nada para los interiores, quizá porque allí se hace mucha vida en la calle.
        A veces, fantaseo con que he triunfado en la política y con que tengo una cola de gente a la puerta de mi despacho, dispuesta a sobornarme con regalos suntuosos. Para ellos, he elaborado unas sencillas normas de estilo: 1) que nunca me envíen a un mediador que atienda por un mote; 2) nada de escobillas ni jaboneras, que ya tengo, y 3) servidor apreciaría una pequeña escultura de Chillida o un dibujo de Antonio López o, incluso, un óleo de Bacon. Sí, un Bacon me quedaría requetebien en la cocina. Nos vemos.
       
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05/04/2010

Corrupción y modernidad

Hola. Veo, en la prensa y por la tele, a María Victoria Pinilla, alcaldesa de La Muela (Zaragoza), cuando entra en el ayuntamiento de su pueblo a eso de las 12 de una mañana de marzo. Imputada por 11 delitos y, no obstante, continuando en el ejercicio activo de su cargo, es consciente de que va a ser filmada, fotografiada y observada hasta la saciedad. Por eso, se ha esmerado en presentar un aspecto cuidado y a la última. De su atuendo, lo que quizá llame más la atención sean unos vaqueros rotos y deshilachados a distintas alturas del muslo. Parece ser que este look andrajoso-chic está haciendo furor, sobre todo entre los más lanzados. ¿Podríamos considerar, pues, a la señora Pinilla un icono de modernidad? Claro que sí, pero no solo por los pantalones "destruidos".
        Ella misma, María Antonia Munar, ex presidenta del Parlamento balear, y Marisol Yagüe, ex alcaldesa de Marbella (nacidas las tres en la primera mitad de la década de los 50), representan a esa primera generación de mujeres que han accedido a cargos políticos de responsabilidad sin ningún complejo. Pero, como era previsible, ese acceso al poder también conllevaba el posible acceso a la corrupción. Y, así, a ese planeta de lujo excesivo, mucho ladrillo y distracciones fiscales, tradicionalmente habitado por hombres, ha llegado, como en tromba, un grupo de valiosas mujeres que igual saben de cocina y de decoración que de blanqueo de capitales o de malversación de caudales públicos. El (o la) que vale, vale para todo; tanto para lo bueno como para lo ilegal, que para algunos (o algunas) es dos veces bueno.
        Se ha insistido tanto en las políticas de igualdad que muy pronto tendremos el mismo número de corruptas que de corruptos. No es machismo, sinceramente, pero me duele que los hombres se estén dejando comer un pastel que era suyo por tradición. Pero la tradición, si no se defiende con un par, acaba engullida por eso que llamamos "el signo de los tiempos". Se oyen tacones de aguja, se divisan vaqueros deshilachados y melenas teñidas... y los tíos se echan a correr, olvidando en el camino fajos de dinero negro pero de curso legal. El mundo ya es de las mujeres. Todos los mundos, quiero decir. Nos vemos.
       
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08/03/2010

Solo para fumadores

Hola. Lo primero de todo es dejar esto claro: fumar es muy malo para la salud. Insisto: fumar, caca. El gobierno lleva tiempo ensayando leyes para erradicar este vicio de los lugares públicos, preocupado, sobre todo, por los llamados fumadores pasivos; es decir, por aquellos que respiran el humo de los demás, exponiéndose a los estragos del tabaco sin beneficiarse del gustirrinín que produce. Porque donde hay vicio, hay gustirrinín, que uno no conoce a nadie adicto al aceite de hígado de bacalao. En fin, la filosofía sanitaria es muy clara: el que quiera fumar, que fume, pero en privado. Y yo añado: o exclusivamente acompañado de otros fumadores. Esto nos lleva a la creación de "clubs del cigarrillo" o "fumaderos"; lugares donde el que entre sepa a lo que entra. No es una idea original, porque Ámsterdam lleva décadas con sus "coffee-shops", infames garitos en los que se permite el consumo de ciertas hierbas. Aquí, hablo sólo del tabaco, preciso.
        Estos locales estarían sujetos a una normativa estricta: se prohibiría la entrada a los menores; las fachadas, de colores tristones, deberían tener muy visible el cartel de "Solo para fumadores"; y su número estaría restringido. Pero es evidente que un mínimo de tolerancia siempre es bueno para la salud social. Hay gente que no quiere, o no puede, dejar de fumar. Es gente mayor de edad, que compra, para su consumo, una droga legal que, por otra parte, está tan cargada de impuestos que beneficia la muy castigada tesorería pública. Además, si lo pensamos bien, la preocupación del estado por la salud de los ciudadanos es matizable. Ya sé que es de mal gusto recordarlo, pero hay un hecho irrebatible: el ser humano es mortal. No hay político ni profeta ni médico que pueda cambiar esta limitación de nuestra especie. Por tanto, el que nunca ha fumado o el fumador arrepentido saben que la causa de su enfermedad y declive no será el tabaco sino otra. Otra, sí. Sería muy interesante un sondeo entre los difuntos sobre "el grado de satisfacción con su propia muerte y las causas que la provocaron". Esta encuesta, difícil de hacer por razones técnicas, acabaría con muchos mitos. Nos llevaríamos sorpresas, estoy seguro. Nos vemos.
       
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25/01/2010

Queridos anuncios

Hola. En Televisión Española se ha suprimido la publicidad y, después de tres semanas, ya la echo en falta. Lo cierto es que, al principio, me puse muy contento e incluso tuve un ataque de vanidad. Aclaro lo de la vanidad ahora mismo: hace un año justamente, en este periódico, escribí una columna titulada "¡No más anuncios!" en la que no sólo le pedía a nuestro presidente de Gobierno que los eliminara sino que también le daba instrucciones precisas para hacerlo, inspiradas en las que había aplicado su colega francés, Sarkozy. Bueno, el caso es que, a pocos meses de publicado mi artículo, Zapatero anunció la ley que suprimía la publicidad en televisión y pensé que me había leído y me había hecho caso. Pero ahora, de ese subidón de arrogancia he pasado a un molesto sentimiento de culpa. En fin, si es verdad que Zapatero me leyó, una cosa más que ha de añadirse a la lista de sus errores.
        Creo que, en aquel artículo, no debió de quedar claro que yo estaba en contra del abuso de la publicidad, no en contra de su uso. A ver si en esta ocasión me explico mejor: está muy mal interrumpir una película cuatro veces, o más, con anuncios pero puede ser conveniente que los haya entre programa y programa; así podríamos elegir entre verlos o hacer un viajecillo a la nevera o una excursión al baño, ya me entienden. La publicidad en sí misma no tiene nada de malo; tan sólo es una industria auxiliar de todas las demás industrias que, además, puede llegar a tener un gran interés cultural y social. Recuerdo con cariño al conejito de Duracell, que transmitía tanta energía, y a Curro, del que no se sabía dónde estaba, si en Cuba o en Nueva York. ¡Qué envidia daba Curro, de vacaciones en el Caribe! Y qué emoción sentía uno cuando los de Villarriba ganaban a los de Villabajo en la limpieza de la "grasa incrustada" de su gigantesca paellera... Me siento muy mal sin anuncios; es más, lo que realmente me molesta es pensar que me estoy perdiendo la buena publicidad, esa que te cuenta pequeñas historias con inteligencia, con humor, con sugerente imaginación y que se instala, con todo derecho, en tu memoria. Ahora sólo queda esperar que Zapatero vuelva a leerme y reconsidere el tema. Nos vemos.
       
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Belén Esteban, personaje del año
Recuerdo del frío
Mark Boyle. Estética de la crisis
Laurel y Hardy y otras extrañas parejas
Limpieza relativa
Demasiada inteligencia
Peatones maltratados
Elogio del perezoso
Píxeles volátiles
Historia de la octavilla
No le llames tranvía
Insultos en plan record
La puerta prohibida
Aire de SEFARAD
Pep Guardiola, muy mal
Stieg Larsson, el hombre que no testó
PELOTAS en TVE. Regates a la vida.
Recordando el 16.3
Hackers & Crackers. Ciber-Okupas
Un cadáver más IVA
Escúcheme, doctor
Prejuicios
Pequeños placeres
Patrimonio gráfico
Generación Nocilla
Es mentira pero relaja
Zaragoza desde fuera
RENFE pecadora
El buen camarero
Sobre la sencillez
El misterio del autobús
La rosquilla como futuro
En otro mundo
Veneno en el trabajo
Gualda y roja es la bandera española.
Impulsos
No-lita: en las ruinas del respeto
Google: almas robadas
Lo mejor es la postal
Tele Soseras
Hedonistas
Basura de abundancia
Tránsito de sospecha
Menosprecio de las lenguas
Dialectotecnia
Falsos principiantes
De ayer y de mañana
Amistad de temporada
Apología de la mecánica
Sueños baratos
Basurilla para incautos
La suerte de la fea...
Pobrecitos lujoréxicos
Un calor antiguo
Enfados municipales
Horizontes de teja
Manual de ligue
Tan sólo una pregunta, señor...
Contra el cuerpo. Modelos, anorexia y el doctor Frankestein
La tecnocaducidad
Veinte años europeos
La ciudad como sentimiento
Pobres niños guapos
Estación Siberia
Oriente y Occidente
Un parque es un parque
Ciudades en el supermercado
Síndromes
Cuestión de inteligencia
Tiempo de pesadillas
La ciudad no es un anuncio
Que no caiga el muro
El pirata inocente
Sangre de poltrona
Cariño, he encogido los pisos
Amor de plástico
Nayim. Llámalo magia
El ritmo circadiano
Un día danés
Íntimamente público
Divino tesoro
Tragicomedia del brazalete
El mundo según la tele
Descrédito del presente
Metrosexuales
El mal silencio
Donde las mujeres
Camas calientes
Descrédito del individuo
Humo clandestino
Humo clandestino (a)
Fiesta, mucha fiesta
El ladrón accidental
El macho inservible
Versos al horno
Telemaltratos
Zaragoza-playa
Llegaron los Bubos
Era verdad
Cuestión de pedales
Zona de aguas
Las urbes se pican
Diseñar para la vida
La sombra desconcertada
Cine de miedo
Terrazas
Splash
El súper
Una tarde en casa
Mi agente