Trayectos

01/02/2004

El 41

Hola. He descubierto que lo mío no es hacer periodismo de calle. A mi, lo que me tira es el periodismo de autobús. Te montas en uno, te sientas y pegas oreja. Pones cara de despiste total, ya, ya, pero controlas a tope. Pues eso, voy en un bus de la línea 41, que es la línea pija de TUZSA. Explico, la 41 va de los chalets de Montecanal al paseo de la Constitución. Sólo hay que pagar un millón de pesetas por metro cuadrado construido para ser habitante del origen o del término de esta línea alto standing. Y eso se nota mogollón en los pasajeros, en la sonrisa Loewe de las señoras, en la piel tono pista-de-tenis de los caballeros. Es bonito pensar que la ciudad podría acabar siempre allí donde es más fácil comprar diamantes que lomo de cerdo o perfumes de Francia que coles de Bruselas.
        Lo que decía, pego oreja. Dos señoras que ya no cumplen los 70 debaten sobre alta política. Sigo la conversación perfectamente porque deben estar mal de oído y gritan: "No me explico cómo ese Alvarez-Cascos tiene tanto éxito con las mujeres, porque para mi es la antítesis del vicio", dice una. "Será la erótica del poder", sugiere la otra, y se lamenta: "Mira que es pena que me vaya a ir de este mundo sin haber probado la erótica del poder. Ni un triste concejal he tenido en mi vida, je, je. ". La mayor de las dos insiste en el tema, que le va: "¿Tú crees que el catalán ese, Carod-Rovira, tiene su punto?, ya me entiendes..." "Pues no", dice rotunda la otra septuagenaria. "Aunque a mi siempre me han ido los hombres con bigote, éste nos ha salido un poco ceporro y paleto, no te parece, con lo irse a Perpignan a hablar con los de Eta. Después de eso, ya no me dice nada". Lo que son las cosas, pasa el inspector, que lleva bigote. La abuelita coquetea un poco mientras le enseña el bonobús. El inspector sonríe vanidoso, muy consciente de que él tiene poder, y su correspondiente erótica, cuando pide los billetes. Como me esperaba, la vida viaja pausada y alegre en la línea 41. Nos vemos.

Este artículo provocó una reacción muy airada entre los vecinos de Montecanal. Recibí cinco e-mails, aguno de ellos muy agresivo. Además, tuve noticias de que en Estudio de Guardia, el programa de Miguel Mena en Radio Zaragoza, varios lectores llamaron a protestar por mi artículo. Aunque contesté individualmente a todos los que me escribieron, consideré que lo correcto era enviar una carta al periódico, disculpándome. No soportaba la idea de haber ofendido a alguien sin pretenderlo. Esta fue mi carta:
       Sr. Director de Heraldo: El domingo 1 de febrero, apareció publicado en este periódico un artículo mío, titulado "Línea 41", cuyo contenido ha irritado a vecinos de Montecanal, a juzgar por varias cartas que he recibido en mi buzón electrónico. Parece ser que de lo escrito por mi se deduce que Montecanal es una zona privilegiada de la ciudad. No es así, me dicen, pues carece de los servicios que se consideran elementales en otros barrios: no hay colegios ni instalaciones deportivas y ni siquiera hay una farmacia. Pero mi artículo les ha ofendido, y con razón, porque frivoliza con el transporte público que les une al centro de la ciudad. Justamente, la línea 41 es un problema al que deben enfrentarse diariamente varias veces ya que su frecuencia es muy escasa, incluso en las horas punta. Como me dice un lector, lo que yo escribí no favorece precisamente sus reivindicaciones de unos servicios municipales satisfactorios, a los que tienen derecho como ciudadanos contribuyentes. Está claro que, por encima de cualquier otra consideración, mi artículo estuvo desacertado y fue inoportuno. Les pido perdón.
       Juan Marín

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09/03/2003

Líneas aéreas

Hola. No se lo van a creer. Estoy escribiendo esta crónica desde el aire, como lo oyen. Les explico: la avenida de Madrid está hecha un zancocho total por lo del soterramiento de las vías del tren. Y la línea 33 (Venecia-Delicias) da muchas vueltas para evitar el zancocho. Y los viajeros han protestado un montón porque se pasan media vida dentro del autobús. En plan rumboso a tope, la empresa TUZSA y el Ayuntamiento compraron el mes pasado dos autobuses aereos (los ya muy conocidos "Blade-Bus") a una empresa de Osaka. Y aquí estamos, a bordo del blade-bus "33-by-air", en su primer vuelo. El coche va lleno, principalmente de viajeros de Delicias que van al curro o al cole, y también de periodistas. Los periodistas hacen preguntas del tipo de "¿Qué siente, señora, al ver Zaragoza desde arriba?" Y la señora contesta: "...pues que se me está disparando el colesterol". Yo voy sentado al lado de una joven muy nerviosa. La joven está muerde que te muerde una medalla que lleva al cuello, y la cadena se pone tirante y le divide la mejilla en moflete norte y moflete sur. No se por qué les cuento esto, quizá porque yo también estoy nervioso. La conductora (¿o pilota?) avisa de que descendemos en Conde Aranda. Y la señora del colesterol alto empieza a gritar que nanay, que sigamos volando, que por el aire se va mucho mejor que por la calle. Muchos otros viajeros apoyan a la señora, que se crece. Un pavo con el pelo rapado se le enfrenta: "Oiga, que yo tengo que bajar, que si no abro el taller, hoy no como". Otros muchos viajeros dan la razón al pavo, que ya está muy alterado: "¡Qué se calle, señora! ¡Que el autobús no es suyo!" "¡Y por qué no te callas tú, tontolculo!", grita ella. Bueno, reflexionemos: A) Vaya vocabulario; ya no quedan modelos de conducta, y B) es desesperante, estemos en la tierra o en el aire, tenemos que montar siempre el pollo de las dos Españas. Pero al fondo del bus, suena una voz firme de mujer: "Señores, hay que cumplir con las paradas del trayecto. Aterricemos". Se hace un silencio espeso y empezamos a descender. Yo conozco esa voz. Sí, es la voz de Luisa Fernanda Rudi. Qué poderío el suyo. Bueno, informando desde sitios inverosímiles, yo. Nos vemos.

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23/06/2002

El 38

Hola, voy en un bus de la línea 38. Mogollón de gente, pero que conste que el personal usa buenos desodorantes. Aquí, al lado, hay un caballero con muy mala cara, para mí que acaba de separarse. Toda separación es un trauma y los traumas se te comen la sonrisa, digan lo que digan. Este caballero que acaba de separarse se agarra de la barra como quien se aferra a una rama al caer por un acantilado. A unos 5 centímetros de nosotros hay dos señoras despellejando a otra señora que, naturalmente, no está aquí. Es mala, mala, dicen. Me entran muchas ganas de conocer a la mala, porque las malas tienen su punto y dan más juego. Pero no todo va a ser negativo. Detrás de mí oigo a otra señora cómo da a no sé quién una receta con cardo. Y cortas el cardo y lo pones en capas y echas almendras y... Bueno, en el bus 38 empieza a oler a cardo que da gusto, porque no hay nada como contar las cosas bien. El 38 pasa por delante de la Puerta del Carmen, muy dañada en la Guerra de la Independencia, y los pasajeros nos agachamos instintivamente (en un acto reflejo de la memoria histórica) no vaya a volar todavía alguna bala perdida del ejército napoleónico. Aquí cada vez huele más a cardo. El caballero con cara triste me suelta: "Oiga, listillo, que yo no me he separado, que llevo dos años casado y soy muy feliz. Lo que pasa es que nuestro niño nos ha dado muy mala noche". La cosa está clara: en el 38 la gente tiene poderes y te lee el pensamiento, ¡¡glups!! El conductor del bus, a pesar de los atascos y de los conductores-petardo, brruum, piiiiiiii, brruum, piiiiiiiiii, ha llevado a ochenta personas, sanas y salvas, a su destino: un héroe, un Luke Skywalker, en Zaragoza.

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31/03/2002

El 20

El 20 es un bus largo, de fuelle, flop-flop. Consta de a) un primer coche, con señor conductor y maquineta para picar el bono, b) una articulación o rótula y c) un segundo coche sin nada, muy sencillo. Los señores viajeros son muy distintos según donde vayan, les cuento. En el primer coche va gente de bien, de sentido común, como viudas, jubilados, o funcionarios de la DGA. En la articulación o rótula, el ambiente cambia radicalmente y se hace un poco port-aventura: oenegeros, señoritas que acaban de sufrir un desengaño amoroso y treintañeros camel-trophy. Yo paso a toda velocidad esta parte del bus no sea que me obliguen a hacer puenting y me instalo en el coche de atrás, que va lleno de juventud con mucha carpeta y mucha mochila (ah, la jeunesse, que dicen los de Pau). Los jóvenes llevan todos auriculares puestos y hablan a gritos, meten bulla a tope. El 20 atraviesa el puente de la Almozara y la vista del Pilar es de postal de las bonitas; todos los viajeros nos sentimos entonces un poco turistas. La edad de la inocencia es irrecuperable pero uno todavía puede disfrutar de momentos de inocencia como éste. Una señorita estudianta grita: "Mira, el Pilar" y se hace un silencio muy chulo en el bus. Este puente tendría que estar lleno de gente mirando la vista desde la barandilla, pero no hay nadie por el viento que sopla siempre. Y ahora se me ocurre que lo que tenemos que trasvasar es viento. A los de Murcia no les vendría nada de mal un poco de biruji o cierzo nuestro, porque allí hace mucha chicharrina. Nada de agua, viento fresco del Ebro, que aquí nos sobra. A ver si los políticos me hacen caso, que lo dudo. Ah, el conductor del 20, muy bien: ni un frenazo.

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03/03/2002

El 21

Tener un bonobús en la mano es como tener un certificado de democracia y eso, unido a la muerte de las ideologías, hace que dentro del bus el mundo se encuentre dividido en no más de dos clases sociales: la de los que van sentados y la de los que van de pie. Ya sé que esta teoría es tope chapucera, pero a mí me sirve para este artículo y vale. Bueno, voy montado en la línea 21 (Oliver-San Vicente de Paul) y pertenezco a la clase de los "sin silla" (de momento). Frente a mí, dos pavos van sentados tan ricamente; apenas tienen 20 años, pulcros, con chándal caro. Entra una mujer negra con un niño negro en brazos. Uno de los dos chavales se levanta disparado y le dice a la mujer que se siente. Su coleguilla se rebota con él: "¿Y le dejas el asiento? Tú estás tonto, tío". Los dos han actuado sin pensarlo, según la educación recibida. Bueno, el caso es que la Educación les ha podido llegar con distintos mensajes; voy a tratar de clasificarlos: 1.- "Si ves a una mujer con un niño en brazos, le cedes tu asiento" (esto se llama educación a secas y se enseña en la familia); 2.- "Si ves a una mujer negra con un niño en brazos, también le cedes el asiento" (se llama educación para la tolerancia y se aprende en las escuelas); 3.- "Si se trata de una negra, no seas tan panoli de cederle el asiento" (vete tú a saber cómo se llama esto y dónde se aprende) y 4.- "Tú ahí quieto parao, has visto el asiento primero y no te levanta nidiósss" (esto es un cromosoma y dura toda la vida). Ya sé que es una clasificación de todo-a-cien pero como Fernando Savater no iba en un bus de la L21, he tenido que hacerla yo. Bueno, un saludo a los padres del chaval que se levantó. Y otro, al conductor, faltaría más.

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21/06/2001

El 30

En un bus de la línea 30, dos señoras hablan muy alto, muy animadas. "Pues ahora tenemos a mi cuñada ingresada, ya va por la segunda operación. La opera el doctor YZ". "A mi tía"-dice la otra-"le operaron de lo mismo, pero se lo hizo el doctor XC, que es el mejor, dicen". "Ah, no. XC metió la pata con un sobrino mío, y el pobre se quedó con una cojera tremenda". En la línea 30 uno se pone al día de costurones, escáneres, y escalafón sanitario. Da gusto. La gente que se sube al bus en el hospital padece una especie de síndrome de Estocolmo y adora a sus cirujanos, a las auxiliares, incluso añora la sopa de la clínica Es que ya no se toma sopa en casa. El perfume de la seguridad social tiene un componente de sopa y otro de aguas del Báltico (lo digo por lo del síndrome de Estocolmo). Unos asientos más allá, hay una pandilla de chicas con carpetas. Se ríen mucho y hablan de un compañero de clase que se parece a Figo, pero que es de La Almunia. La Almunia de Doña Godina, Figo, risas. También da gusto. La línea 30 mola. Y voy a explicar por qué mola, atentos: porque hay pasajeros que miran hacia el otoño y otros que miran hacia la primavera. Lo puedo decir de otra manera: en la vida o se mira en dirección al parto o en dirección a la tumba. También se puede expresar así: a un lado está un chico estudiante de La Almunia y en el otro extremo, un cirujano jubilado en Benidorm.
       Bueno, a todo esto hay paradas. Muchos pasajeros se bajan en Correos, pero nadie entra en Correos. La gente manda faxes, mensajes por el móvil, mensajes por internet o no manda nada. Mi alma de poeta me dice que bajan en Correos a mirar el león de bronce comecartas. Subir, sólo suben una madre y un hijo. El hijo no se ríe ni piensa en Figo ni en Pamela Anderson. Creo que está pensando en un juego de la videoconsola. A mi alma de poeta esto le mola menos. Pero no le digo nada, no sea que me agreda. Uno no puede, ni debe, ir en el autobús tratando de adivinar lo que piensan los demás pasajeros. Pero yo lo hago porque así el viaje se hace más corto. En la Plaza de España, se bajan mogollón. Y suben mogollón. De repente, ha habido un cambio de casting total. Otra película ya, otro trayecto..

Este artículo pertenece al corto periodo en que firmé con el pseudónimo de Jorge Murcia.

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