Querido Caos

19/12/2010

Ciudad de cristal (2)

El matrimonio se dispone a desayunar en la cocina de su casa, un piso antiguo y céntrico. Él, un hombre de poco más de 40 años, con chivita y gafas de concha, todavía está en pijama, adormilado y legañoso. Ella parece estar ya despejada y con ganas de hablar: "Sabes, para la cena de Nochebuena voy a hacer cardo, como siempre, pero sin almejas. Le pondré cecina a cambio. Y ajo.... ¿Me estás escuchando? Es que me parece que no te estás enterando de lo que digo". La verdad es que él no deja de pensar en la reunión a la que ha sido convocado por su jefa repentinamente. Por alguna razón, esta cita tan inesperada le produce cierto desasosiego.
        En un despacho amplio, decorado convencionalmente, el hombre que lleva chivita y gafas de concha escucha atento a una mujer rubia que habla desde el otro lado de una gran mesa de nogal. "Nos interesa un golpe de efecto antes de las elecciones", dice ella. "No estaría mal regalar una de esas tabletas digitales, un iPad. A las familias numerosas, por ejemplo. Recuerda el éxito que tuvimos con las pizarras digitales en las escuelas, que hasta Bill Gates nos felicitó. Y, luego, con los ordenadores que regaló el ministro a los alumnos. Bien, ahora es el momento del iPad; seguro que Steve Jobs, el de Apple, también nos felicita." El hombre que lleva chivita carraspea. Su papel de asesor no siempre es fácil de desempeñar. "No sé, puede que en momentos de crisis como estos lo del iPad no sea una buena idea; creo que sería más adecuado regalar un jamón". La mujer rubia se levanta, claramente contrariada por lo que acaba de oír: "¡Un jamón! ¡Por favor, no me seas cateto! ¡Un jamón no es I+D! Mi empeño es estar a la cabeza en tecnología y me vienes tú con jamones y morcillas. Ay, qué asesores más retrógrados y más gazmoños tengo... Es preciso una renovación de cargos, lo tengo claro". Al asesor se le queda el gesto paralizado y rápidamente intenta encontrar luz en su aturdimiento. La mujer rubia ha salido del despacho, dando un portazo. Y ese portazo le devuelve, afortunadamente, a la mesa de la cocina, a su desayuno y a su mujer, que sigue hablando de menús de Navidad. Él, todavía legañoso, musita: "Sí, te escucho, me parece bien lo del cardo con cecina".
       
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13/12/2010

Ciudad de cristal

Los ventanales del café de la esquina están ligeramente empañados a esta hora de la mañana. Eli, la camarera, lleva hoy el pelo recogido en un moño atravesado por una zanahoria; sí, por una zanahoria natural que aún conserva un trozo de tallo verde y fresco. La miro tan asombrado que se ríe: "Me estoy probando cosas con vistas al cotillón de Nochevieja, que este año se lleva el look a lo Lady Gaga. Y aún no has visto lo mejor: me voy a hacer unos pendientes con guardias civiles, esas sardinas rancias de cubo, ya sabes. Me van a quedar geniales".
        En una mesa del fondo, al lado del pasillo que lleva a los servicios, dos hombres jóvenes miran los anuncios del periódico, concretamente los de ofertas de trabajo. "Nada, solo hay curro para cocineros con experiencia y yo de eso, ni idea, que en mi casa siempre han cocinado mi madre y mi hermana...", dice el más alto. El otro le escucha serio, mientras da un sorbo de un cortado con la cucharilla todavía dentro del vaso. "Sabes, lo mejor de todo sería hacerse controlador aéreo, que se gana un pastón, aunque lo malo es hay que trabajar a turnos..." El que estaba callado le corta: "Tú no puedes, que llevas gafas. Un controlador ha de tener muy buena vista. Y los nervios, de acero. No te rayes, pero sabes que tienes un pronto muy fuerte..."
        La conversación de los dos queda a ratos oculta por las carcajadas de un grupo sentado cerca, una familia con un niño de no más de cinco años. Un hombre grueso le da algo al chaval, aguantándose la risa: "Mira lo que te ha traído tu tío de Barcelona: ¡un caganer de Guardiola para el belén!" El niño mira atónito la figurita y pregunta: "¿Y dónde lo pongo? ¿Al lado del río?" "¡No, que contamina!", le responde su tío sin parar de reír, "tienes que ponerlo debajo de una palmera". El niño se queda pensativo porque no recuerda bien si tiene palmeras; además, no le acaba de gustar esa figura de Guardiola, haciendo eso delante de los pastores y de los Reyes Magos. Eli, la camarera, está explicando ahora a unas clientas el atuendo que va a llevar en el cotillón de fin de año. Al fondo, los dos jóvenes en paro siguen hablando de los pros y los contras de ser controlador aéreo: "Hay que tener una vista de lince", insiste uno para chinchorrear al que lleva gafas. Los cristales del café ya no están empañados; me parece que va a quedarse buen día.
       
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18/07/2010

Domingo de julio (ese 11 de julio de 2010)

Una noche calurosa de un domingo de julio, él y ella se disponen a cenar en un pequeño restaurante francés de la calle de San Lorenzo en Zaragoza. San Lorenzo, que era oscense, sufrió martirio en Roma como a mediados del siglo III y cuando le estaban abrasando en la parrilla, inventó el humor negro al decir a sus verdugos: "Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho". Mas volvamos al restaurante francés, que estaría vacío si no fuera por esta pareja de jóvenes clientes. Se trata de un local pulcro y tranquilo en el que no hay ni tragaperras ni televisión ni nada que haga ruido. El camarero confirma en voz alta los platos que le han pedido: "De acueggdo: dos quiches de pueggos y dos cañas. Ahoga mismo lo tgraigo". La chica, que lleva una camisa negra de tirantes, tiene un pequeño tatuaje en el cuello: un sol con ocho rayos, que ilumina equidistante el omoplato y la clavícula de su lado izquierdo.
        Esta es la primera vez que ellos cenan juntos desde que se conocieron en una actuación de Bigott. Para quien no lo sepa, Bigott es un músico zaragozano que canta en inglés. Cuando uno ve a Bigott, comprueba dos cosas: 1) que tiene un gran talento y 2), que siente aversión al gremio de los peluqueros. Pero volvamos al restaurante que huele a mantequilla y vino blanco, donde el chico no para de hablar mientras ella saborea su quiche: "Y, nada más llegar al trabajo, se me acerca el dueño y me dice que lo siente mucho pero que tiene que despedirme; que la copistería va mal, que la gente ya no hace fotocopias, que ahora todo es por Internet, ya sabes. O sea, que me he quedado en el paro. Mira, no sabes qué bajón me dio... Que yo creía que eso del paro solo le pasaba a los demás" La chica calla y, ¿sin querer?, se señala el pequeño sol tatuado en su cuello, quizá indicando que hay playas cerca todavía sin descubrir. El chico mira ese sol y ve que sus rayos se mueven ondulantes pero, en ese momento, se empieza a oír un estruendo de bocinas fuera y toda ensoñación se interrumpe. Se asoman los dos a la calle, que se ha llenado de gente saltando y abrazándose. "¿Qué pasa?", pregunta ella a una cuadrilla que va ondeando banderas. "¡España! ¡España!", es la única respuesta.
       
       Este artículo es mi pequeño homenaje a todos los que estuvieron ajenos al futbol el domingo 11 de julio de 2010. Fueron muy pocos y muy valientes.
        El restaurante francés existe: se llama 'Quiche me' y está en la calle San Lorenzo, nº 7, de Zaragoza (casi enfrente de una de mis tiendas favoritas: La ventana indiscreta) Una de las peculiaridades de este restaurante es que tiene una estantería con libros (principalmente de novela negra y literatura francesa) en plan 'book-crossing'. Y en cuanto a Bigott, lo mejor es visitar su página en MySpace.

       
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20/06/2010

Ruido de ciudad (2)

Hola. En una céntrica chocolatería, dos amigas jubiladas meriendan en una mesa pegada al ventanal que da a la plaza. Una de ellas, la del pelo rojizo, todavía con un trozo de churro en la boca, entra decidida en el debate político: "Pues para presidenta de la DGA, yo prefiero a esa..., huy, que no me viene el nombre; sí, a esa que lleva siempre unos pañuelos muy bonitos, que tiene mucho empaque..." La otra le interrumpe: "Sí, ya sé a quién te refieres. Pero dicen que tiene mucho genio". La del pelo rojizo suspira y defiende a su candidata: "Ya, pero es que para mandar, hay que tener genio; que si no lo tienes, se te comen. Mírame a mí, la más buena de la familia pero siempre el último mono". La otra decide zanjar el tema: "Bueno, yo no me pronuncio, que no me gusta la política; además, el voto es secreto". Dicho esto, agarra el churro de la vergüenza y le arrea un mordisco tremendo ante los ojos atónitos de la otra, que se lo afea: "Hija, ¡qué apetito tienes!"
        En una mesa del fondo, un pavo con el pelo engominado lee atentamente los anuncios por palabras del periódico, exactamente los de la sección de ofertas de trabajo, sin quitar el ojo de su móvil, que ha puesto al lado de un vaso con un cortado. El hombre lleva semanas entregando su curriculum en toda clase de empresas: bares, servicios de mensajería, tiendas de ropa o supermercados. En todos los sitios le cogen la hoja con los datos y le dicen lo mismo: "Ya te llamaremos". Pero nadie llama. El pavo ahora mira la televisión del local. Una vez tras otra, pasan el vídeo de una periodista morena y guapa entrevistando al portero de la selección española de fútbol. Parece ser que la periodista y el portero son novios (o que hay un algo entre los dos, para qué más detalles) y que la presencia de ella en el campeonato mundial puede distraerle a él. Puede ocurrir que se ponga a mirarla de reojo, porque la chica es muy guapa, ya lo hemos dicho, y entonces uno del equipo contrario aproveche el momento para meterle un gol. Una tertuliana del programa dice que no hay que caer en eso tan machista que dicen los franceses cuando los hombres tienen una desgracia: "¡Cherchez la femme!". Con el ruido que hay en la chocolatería y lo absorto que está en lo que se ve por la tele, el pavo del pelo engominado no se entera de que el teléfono está sonando. Bueno, en realidad ya ha dejado de sonar. Nos vemos.
       
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06/06/2010

Ruido de ciudad

Hola. Atentos a esta escena: en una chocolatería céntrica, dos amigas (modelo jubiladas deluxe en perfecto estado de conservación) meriendan mientras charlan muy animadas. De las dos, la que lleva el pelo rojizo baja un poco la voz: "Esta mañana, en la cola del pescado, había una que decía que están desapareciendo muchos peatones en las obras del tranvía; que se caen en las zanjas y como las obreros van tan deprisa y tan a lo suyo, no se dan cuenta y tapan los hoyos con tierra o lo que sea y, oye, pues eso, que dejan a la gente dentro..." La otra se queda pasmada: "Pero, Amparito, qué cosas dices; eso es una leyenda urbana sin pies ni cabeza..." Pero Amparito no se arredra: "Y una, como brasileña, que estaba comprando gambas, decía que cuando el tranvía esté en marcha, irá llenito de fantasmas; que cuando vayamos a sentarnos en un asiento vacío, no podremos, porque estará ocupado por un ánima..." A su amiga sólo se le ocurre decir: "Venga, anda, cómete otro churro y deja de pensar en esas cosas".
        Más o menos, a la misma hora, en un aula del Conservatorio, una chica de unos 20 años ensaya con su violonchelo el preludio de una suite de Bach. Un compañero de curso la escucha en silencio. De pronto, ella interrumpe su ensayo: "Deberíamos ponernos a estudiar alemán. A lo mejor nos tenemos que ir a Alemania, que allí hay más orquestas. Es que aquí ya verás lo mal que se va a poner todo; como a las orquestas las subvencionan, pues imagínate por donde van a empezar a ahorrar..." El hombre se levanta: "Oye, voy a abrir la ventana, si no te importa, que hace calor". Entra entonces el ruido lejano, pero claro, de los trabajos del tranvía. "Mejor, la cierro", recapacita. Y vuelve a sonar Bach.
        Mientras tanto, dos amigos pasean sorteando los mil obstáculos de las calles destripadas por las obras. Uno habla sin parar: "Y aquí me tienes, ingeniero industrial en paro con 37 años y un curriculum que no es para tirar cohetes, la verdad. El mes que viene se me acaba el dinero, como lo oyes. Me pego el día buscando empleo por Internet y solo hay cosas de comercial... Me veo metido en un coche todo pintado de propaganda..." Se vuelve hacia su amigo, pero este se ha esfumado. Lo busca y nada, no hay ni rastro de él. Una pena que no haya mirado en las zanjas. Nos vemos.
       
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10/01/2010

Diálogos nocturnos

Hola. Al fondo del local, un cantautor que responde al nombre de "Dreamingtramp" se acompaña a la guitarra para susurrar composiciones muy lentas, un pelín amuermantes. El hombre, de no más de 30 años, adopta una actitud de artista de culto; tiene motivos para ello porque, hace poco, un crítico local escribió de él que aportaba "lirismo a unas canciones sencillas con ecos dylanianos". Lo curioso es que el pavo es francés pero canta en inglés mientras pone ojitos a una chica española (exactamente, de Remolinos) que tiene enfrente. La suya es, pues, una "actuación global", propia de la atmósfera multilingüe de este bareto nocturno, atestado de estudiantes Erasmus.
        En la barra, lejos del escenario, un profesor de filosofía, que acaba de aprobar las oposiciones, está hablando con un hombre barbudo, muy ancho de espaldas. Una joven que fue alumna suya se le acerca. "Hola, Sonia. Mira, te presento a este amigo, Aristocles, recién llegado de Atenas". La chica responde con una sonrisa amplia pero breve. "Venga, Sonia, ¿qué tomas? Bueno, ¿qué tal las cosas, que deseos te has pedido para este año, je je?" Ella contesta tajante: "Sólo uno: dinero". El griego barbudo pone cara de sorpresa: "Qué extraño me resulta que una mujer tan joven sea ya tan materialista... ¡Creía que a tu edad el único deseo posible era buscar el amor, hallar tu otra mitad!" La chica se irrita un poco: "¡Sí, dinero! Quiero dinero para llegar a fin de mes; dinero para comprarme algo de ropa, para no tener miedo del recibo de la luz, para que mi caja de ahorros no me cobre 24 euros porque lleve más de diez días en números rojos. No, no pido amor; sólo dinero." La chica se calma y vuelve a sonreír. Del fondo llega la voz de Dreamingtramp, que ya va por su quinta canción "con ecos dylanianos". La de Remolinos ya no le escucha y se ha acercado al grupo de la barra porque es amiga de la chica materialista. "¡Hola, Sonia! ¿Cómo te va?" "Chungo, tía. Repartiendo publicidad y de camarera los findes en un café. ¿Y tú?" La otra sonríe abiertamente: "Yo... ¡Muy enamorada!. Ya te contaré." Aristocles la mira complacido. El profe de filosofía pide más cervezas. Y el cantante pone ojitos a una holandesa. Nos vemos.
       
       Notas: El local donde transcurre esta historia es La Lata de Bombillas (calle María Moliner, 7, Zaragoza). El cantautor es casi inventado aunque responde al estereotipo de los que actúan en la "escena indie" de la ciudad. El profesor de filosofía es real así como la chica de Remolinos (un pueblo cercano a Zaragoza famoso por sus minas de sal). Aristocles, un ateniense de familia de gran linaje, es más conocido por su mote, Platón (el ancho de espaldas), y por los diálogos que escribió en torno a la figura de su maestro Sócrates unos cuatro siglos antes de Cristo.

COMENTARIO de Ángel Hernández Mostajo (10/01/2010): "No se puede decir más en una sencilla columna. Has retratado a las muchas pobres Sonias con dos pinceladas. ¡Cómo vas a pensar en el amor cuando el estómago te canta de hambre! Nos vemos."

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26/07/2009

El jugador portugués

Hola. En el Santiago Bernabeu y ante 80.000 aficionados, aparece el jugador portugués cuyo fichaje ha costado 94 millones de euros al Real Madrid. Entre el público, están Paloma y Pedro XC, un matrimonio muy madridista. Bueno, es curioso, pero en el momento más álgido, cuando el jugador se dirige a la masa, a Paloma le asalta una molesta visión, proyectada desde la zona más malvada de su cerebro: se abre la nevera de casa y ve, en medio de una luz cegadora, dos tomates, cuatro huevos y un paquete de salchichón empezado. La nevera propia es siempre el informe más actualizado y más veraz del estado de la crisis actual. Ahora, el futbolista está diciendo que ha cumplido su sueño de jugar en el Madrid. El público aplaude fuera de si pero Paloma XC tiene la mente en el interior de su frigorífico.
        Frente a una obra abandonada, dentro del hueco rectangular de lo que iba a ser la piscina de esa urbanización, dos pavos juegan a meterse goles con una pelota medio desinflada. Uno de ellos, con chancletas y un cigarro en la boca, dispara a la puerta de su contrario, señalada con dos latas de cerveza vacías. El tipo es zurdo y tiene innegable estilo para darle al balón. Su oponente encaja los repetidos goles con indiferencia pero el zurdo se está empezando a rallar: "Oyes, tronco, que a ver si estás a lo que estás, que te la he metido diez veces; que no haces nada para pararla... ¡Que esto es serio, cxñx!" El otro, como si no oyera, dice pensativo: "Si me pillo 85 euros, oyes, co, me compro la camiseta de Ronaldo. Está guapa que no veas..." Mientras tanto, el que va en chancletas y fuma ya le ha metido otra vez la pelota en la meta. Y con la izquierda. Lo dicho, este pavo es un figura.
        Raúl BG acaba de cumplir seis añitos y su padre destapa su regalo: en una cesta, se mueve simpático un pequeño boxer. El niño salta de alegría: "¿Cómo le vamos a llamar, papá?" El padre, mirando desafiante a su mujer, responde firme: "Se llamará Ronaldo. Este perro es un campeón; sólo hay que verlo." La mujer estalla: "¡Al niño, te empeñaste en ponerle Raúl y ahora, al perro, Ronaldo! Te estás pasando un montón". El boxer mira al niño, al padre, a la madre y decide ponerse a ladrar. Bueno, mejor marcharse de esta casa. Nos vemos.
       
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28/06/2009

Un día nada más

En un pequeño bar de una calle del centro histórico, la camarera hojea la revista Cuore sentada al final de la barra. El local está vacío y solo se oye la tabarra de la máquina tragaperras, situada al lado de la puerta. Si se mira hacia fuera, puede verse, al otro lado de la calle y perfectamente aparcado, un Ford Fiesta azul metalizado, cubierto del polvo de varias semanas y con la rueda izquierda delantera pinchada. En la pantalla de un televisor, se ve una prueba de Formula Uno. Quizá en ese momento esté pasando Fernando Alonso a 300 Km. por hora.
        No muy lejos de allí, pero en una calle principal, un caballero de Bilbao, que disimula una alopecia que le atormenta afeitándose la cabeza, decide entrar en una cafetería. Este caballero es un comercial de una importante empresa de ferretería y no ha logrado vender ni una sola manecilla, ni un solo pomo, ni una sola bisagra en todo el día. Se sienta en una mesa y pide un agua con gas. Y, fíjate lo que son las cosas, sentada enfrente, hay una mujer con las piernas cruzadas. Por cierto, son unas piernas estupendas. A la mujer no se le ve la cara, oculta tras el periódico que está leyendo. No importa demasiado ya que el caballero de Bilbao vislumbra con fino instinto que, al final de un día aciago, siempre puede haber un atisbo de luz. Que Dios aprieta pero, bueno, ya saben.
        Frente al río, tres adolescentes están sentados en un banco con bolsas de plástico llenas de botellas, bricks de vino y paquetes de patatas. Uno de ellos saca tema: "Mi madre ha oído que van a poner multas de mil euros si te pillan haciendo botellón". Tras unos segundos, interviene otro: "Jo, co, pues en mi casa no se de dónde los van a sacar. Co, mil euros. Mi padre ya no va a cobrar el paro el mes que viene, creo, co". Sigue un silencio puede que tan ancho como el río. A veces, las dimensiones físicas de lo que no se dice son inabarcables.
        En el pequeño bar de esa calle del centro histórico, entra por fin un cliente pero no quiere tomar nada, sólo quiere cambio para jugar en la máquina tragaperras. En el televisor, Fernando Alonso dice que no está nada contento con la carrera que ha hecho. La camarera le cambia el billete al hombre. Y vuelve a su rincón y a su revista.
       
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       ** El "señor de Bilbao, que disimula su alopecia, etc." ha aparecido ya en otros artículos míos, como El ascensor y Tarde de compras.

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21/06/2009

6 vasos azules

Tengo un vaso frente a mí, en la mesa de la cocina, que tiene el color con que pintan los niños los ríos de sus paisajes. Es impensable que un niño pinte un río de marrón; lo pinta de azul Alpino. Hace un año, en Zaragoza hubo una exposición universal al lado de un río al que llegó un iceberg que había podido esquivar al Titanic. Pasé muchas horas en ese paisaje de cuento y lo hice siempre con un vaso azul en la mano, no porque fuera tonto o friki sino porque quería exhibir mi conciencia medioambiental. El vaso costaba un euro, lo usabas las veces que querías y, al final, o lo devolvías (y recuperabas el euro) o te lo llevabas a casa. El vaso, insisto, era como un DNI de visitante enrollado y ecológico.
        Mi primer vaso lo adquirí nada más llegar a la Expo por primera vez. El segundo, me lo llené de cerveza durante una actuación de Diana Krall. La Krall cantó como nunca ya que, a su banda de músicos extraordinarios, se le añadió el cierzo, ese trompetista de jazz de inusual capacidad de improvisación. En medio de una canción de Cole Porter, y mientras volaban las partituras, la parejita que estaba a mi lado se olvidó del concierto y del mundo en una nube de carantoñas. Cuando ellos dos se fueron, también se olvidaron de coger sus vasos azules. No me lo pensé dos veces y me los pillé para mí. Ya tenía cuatro.
        Otro día, visité el pabellón de España, que contenía una colección de piedras preciosas. Entre ellas, estaba el "Corazón verde", una esmeralda muy grande que había dado título a una peli de aventuras protagonizada por Kathleen Turner y Michael Douglas. Miré fijamente la esmeralda y traté de imaginarme como Douglas. Lo conseguí, pero la experiencia de ir de aventurero por la selva colombiana me extenuó y me dio mucha sed. A la salida, me compré otro vaso reciclable y lo llené de cola light. Fue mi quinto vaso.
        El último día de la Expo, intenté hacerme con otro pero se habían agotado. Logré convencer a un adolescente para que me vendiera el suyo por cinco euros. Ya tenía la media docena. Es todo lo que me queda de aquello. Diana Krall ha grabado un nuevo disco, un pelín cursi, que se llama "Noches tranquilas", es decir, sin cierzo. Y el iceberg ha desaparecido, hundido en las aguas turbulentas de los malos tiempos.
       
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07/06/2009

LA GRANDEUR

El dueño de la casa ha preferido sentarse en un extremo del sofá. En un sillón, está su amigo, confidente y asesor TX. "Si te he dicho que vinieras esta tarde a casa es porque he tenido una idea que quiero contarte. Bueno, más que una idea es un sueño. Eso, tengo un sueño. I have a dream." El amigo sonríe y dice con confianza: "Uf, me das miedo, la verdad. Venga, te escucho". De un lugar alejado de la casa, llega el sonido de un piano; alguien está interpretando un conocido nocturno de Chopin. "Mira, te cuento: quiero hermanar el río Ebro con el Sena. Igual que se hermanan ciudades, mi proyecto es hermanar ríos. Grandes ríos, grandes ciudades. Ese podría ser el eslogan. Ya me imagino el videoclip promocional: un bateau mouche pasa por debajo de los puentes del Sena pero uno de esos puentes es... ¡el de Piedra! Además, se ven los monumentos de París pero... donde estaba Notre Dame, ¡ahora está El Pilar! Y viceversa: el alcalde de París puede hacer lo mismo y filmar nuestros barcos surcando el Ebro y que, en vez de la Torre del agua, se vea el Centro Pompidou." TX, su amigo y asesor, calla tratando de asimilar lo que ha oído. Después de unos segundos, musita: "Es novedoso. Pero antes, hay que dar prioridad a la Expo-Paisajes de 2014, me parece." "Si, por supuesto," asiente el anfitrión, "pero hay que ir pensando en cómo vender la idea a la prensa, que me está chinchorreando continuamente. Porque yo creo que lo de Expo-Nabo no es una cosa de la gente sino de algunos periodistas. Haga lo que haga, se me pone verde; por los nuevos nombres de las calles o porque se draga el Ebro o por lo que sea ¡Ni a Miterrand se le criticó tanto con lo de la pirámide en medio del Louvre!" TX trata de tranquilizarle: "¿Sabes qué pasa? En España, no se admite la grandeur de los franceses, la ambición de hacer Historia..." Siguen llegando las notas de un piano, pero ya no es Chopin sino un clásico latino, quizá Siboney. El anfitrión retoma la palabra: "¡De grandeur, nada de nada! Aquí dices que quieres hermanar el Huerva con un afluente del Danubio y te sueltan que lo primero que hay que hacer es limpiar las acequias..." El asesor asiente silencioso y escucha la orden final: "Oye, gracias por venir. Bueno, ve encargando lo del videoclip del bateau mouche...
       
       Si te ha interesado este artículo, puede que también te interese este, El jardín de las delicias , y este otro, Enfados municipales.
       
       
       *Este artículo se ha publicado en la sección MARCA AL AGUA de las páginas de opinión de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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14/12/2008

Husos horarios

A la luz tenue de una lámpara con bombilla de bajo consumo, Loli X y Fran Z ven la tele a eso de las 9 de la noche mientras comen pipas directamente de una bolsa de plástico amarillo. En la pantalla, Naomi Campbell avanza con apabullante decisión por una pasarela. El reportaje se cierra con un primer imagenplano de las pantorrillas de la modelo e inmediatamente empieza el telediario. La noticia de arranque es que se teme que en España la cifra de parados llegue a cuatro millones. Sin apartar la vista de la pantalla, Loli le pregunta a Fran: "¿Te gusta la Naomí?" Muy serio, responde: "Sí, sí. Está tremenda." Hay un silencio. "Pero dicen que tiene muy mal carácter", comenta ella. "Ah, pues si tiene mal carácter, nada; que se busque otro". Por fin, se echan los dos a reír.
       En Baltimore, Estados Unidos, son las 3 de la tarde y dos estudiantes italianos ven la tele en un desordenado dormitorio de una residencia universitaria. En estos momentos, la pantalla está ocupada por el rostro de Naomi Campbell, que habla de las cualidades de un nuevo perfume. "Creo que no hay quien la aguante, a la Naomi esa. Una vez, le tiró una plancha a una criada", dice uno de los chicos. Y mientras la modelo sonríe mirando a cámara, una voz en off comenta que las ventas de cosmética han bajado un 30% con respecto a diciembre del año pasado. "¿Tú tienes buena puntería? Yo es que la tengo mala", dice el italiano que estaba callado.
       Dos hombres cuarentones apuran una última cerveza en un bar de Perth (Australia). Son las 4 de la madrugada y si la noche ha sido más larga de lo normal es porque esa tarde les han comunicado que dentro de un mes, exactamente, su empresa (una fábrica de mochilas y tiendas de campaña) cerrará. Uno, muy cargado de alcohol, le dice al otro: "El viernes pasado, al salir del supermercado, me crucé con la Naomi Campbell. Tío, estoy seguro de que era ella. Y me miró." "Pues cuidadito, que dicen que tiene muy mal genio", le advierte el otro.*
       
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*Este artículo no trata de Naomi Campbell

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Artículos anteriores de Querido Caos


Pipas y diamantes
La venganza de los olvidados
Canción de verano
La realidad aplazada
No muy lejos, la fiesta
Historias de calor (2)
Historias de calor (1)
Cierto olor a dicha
Se calienta pero gira
24 horas
Lluvia de regalos
No ha sido un sueño
La vida atascada
El precio que tenemos
Política para cenar
Filosofía de verano
Rebajas bajo cero
Temporalmente, la vida
El ascensor
Fiebre de noviembre
Mucho vicio
Huida imposible
Otra boda
Unidad familiar
Semana de pasiones
El peso del tiempo
Pura Nochevieja
Merluza para cenar
Tarde de compras
El almuerzo
Noviembre me mata
Coches en la lluvia
Estrellas de telecrimen
Hipotecalandia
Sólo pasa en Mayo
Amor y alguna mentira
Días de 3 estrellas
El desorden de la primavera
La otra vida
El vicio del ahorro
El parto
ATASCO
Cómplices
GYM
La suerte
TEMORES
Gastando-2
Gastando
Felicidad
Zaragoza noche
Distrito lento