ESPECIALES

16/05/2016

El libro de la Crónica - 40% de descuento (últimos ejemplares)

Querido Caos, el libro con la selección de los mejores artículos de la Crónica de Juan Marín (algunos inéditos y anotados), todavía puede conseguirse a través de esta página mediante PayPal (pago seguro), ahora con un descuento del 40%.

(Gastos de envío a península y Baleares: 0,79 €)

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29/09/2014

Querido caos

Si te gusta la Crónica, recuerda que aún estás a tiempo de conseguir por internet un ejemplar único de Querido Caos con una cuidada selección de sus mejores artículos y algunos inéditos a través de la librería Cálamo por solo 10 euros.

Actualización 1/5/2016: El libro ya no está disponible en librerías pero aún pueden conseguirse ejemplares aquí.

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15/05/2014

Querido caos, el libro de La Crónica

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       Querido Caos recoge una cuidada selección de las mejores columnas que Juan Marín publicó a lo largo de doce años en Heraldo de Aragón. Tiene además el privilegio de contar con una presentación de Guillermo Fatás, y la edición, prólogo y notas de Fernando Villacampa. Los seguidores de La Crónica encontrarán en él algunos textos inéditos.
       
       Esta magnífica edición ha sido posible gracias a Los libros del lince y a la valiosa colaboración de la librería Cálamo de Zaragoza. Se puede adquirir en línea por 10 euros aquí.
       
       Feliz lectura.

Para conocer más del autor, puedes leer aquí su semibiografía.

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28/01/2011

El 29 de enero, san Valero rosconero, patrono de la ciudad de Zaragoza

San Valero es el patrono de la ciudad de Zaragoza y con motivo de su festividad, Rafael Bardají, de Heraldo de Aragón, me encargó un artículo especial para el periódico, que enfoqué como un enfrentamiento entre el santo y el Ángel Custodio de la ciudad, a partir de las dos esculturas de Pablo Serrano que flanquean la puerta principal del Ayuntamiento en la Plaza del Pilar. El artículo apareció acompañado de una ilustración preciosa de Blanca BK pero que, en mi opinión, contenía un error: al Ángel le puso una espada en la mano, cuando solo los arcángeles pueden llevar armas. El Ángel Custodio, en concreto, sostiene en sus manos una maqueta de la ciudad, pues su misión es protegerla.
       Me apetece hoy, 29 de enero, recordar este artículo, sobre todo porque no ha perdido ni un ápice de actualidad; el único dato que ha cambiado es que el grupo Nena Daconte se ha disuelto. En cuanto al encargo a Antonio López de pintar una de las bóvedas de la Basílica, todo sigue en punto muerto si no ya fosilizado. Pincha aquí si quieres leerlo.

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01/01/2010

El año de la verdad

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       El escritor Luis X se ha levantado esta mañana con dolor de cabeza. El dolor le empieza por arriba y le baja por el ojo izquierdo casi hasta el moflete. Migraña. Él dice que es migraña pero en realidad solo es consecuencia del resacón que lleva encima de lo mucho que se pasó en la cena de ayer. Toda su familia aún duerme y en medio del silencio doméstico, Luis X se mira en el espejo del baño intentando resolver la duda de si el hombre de rostro cascado que tiene enfrente es él mismo. Sí, lo es. Lentamente, se enjabona la cara para afeitarse y así recuperar en lo posible su aspecto anterior a la Nochevieja.
        "Feliz año, Luis", le susurra una mujer a su espalda, asomándose por encima de su hombro izquierdo. Es Penélope Cruz, sin duda. "Por favor, hazte a un lado un momento, que ahora mismo termino de pintarme el ojo. Se te ve muy depre, tío. Tienes que ir al cine o sacar del videoclub una buena comedia... Es lo mejor para animarse. Te recomiendo Pagafantas, una española; mucho más divertida que Vicky, Cristina, Barcelona, créeme. Y tampoco estaría mal ver 1,2,3 de Billy Wilder. Es desternillante: en Berlín en 1960, la hija de un jefazo de la Coca-Cola se enamora de un comunista. Está bien ver esa peli, ¿no?, ahora que hace ya 20 años de la caída del muro. Chico, no pongas esa cara, que parece que el muro se cayó encima de ti. Bueno, me largo."
        Sin recuperarse de su estupor, Luis X desliza la maquinilla despacio de arriba abajo, pero todavía no ha llegado al mentón cuando ve en el espejo, de nuevo por detrás de su hombro izquierdo, la cara de Marcelino García Toral. "Hola, ya perdonarás que interrumpa tu afeitado pero quería despedirme de ti antes de marcharme. Bueno, despedirme y también pedirte perdón por lo que haya podido hacer mal. Sí, ya sé que en los malos tiempos es cuando nuestro equipo está más obligado a darnos alegrías... Pero el Zaragoza es lo que es, poca cosa, sinceramente. Te entiendo: tú esperabas un equipo tan potente como el Valencia o tan heroico como el Alcorcón. Pero el Zaragoza es un equipo pobre..." Luis X, atónito ante la aparición del entrenador, logra balbucir: "Ya..., pobre de espíritu, eso es lo que es". Marcelino sonríe, hace un gesto de adiós y sale del cuarto de baño.
        Apenas se ha ido el entrenador, entra Gloria, la hermana de Luis X, a la que no ve desde hace mucho tiempo. "Hola, hermanito, qué mala cara que tienes. Te veo muy preocupado y me parece que sé lo que es. Se trata de la Ley del Aborto, ¿no?" Luis se queda pensativo: "Sí, no dejo de pensar en la pequeña, que tiene solo 17 años. Me obsesiona la idea de que pudiera llegar a abortar sin decirnos nada. Es muy humillante para un padre: cuida a tus hijos, edúcalos y luego va el gobierno y les apoya para que pasen de ti en las cosas que realmente importan". Gloria carraspea: "¿Y por qué no escribes un artículo contra esa ley?" Él tarda en contestar: "Sabes que no puedo. Me tacharían de retrógrado. Gloria, casi todos los libros que he publicado están subvencionados por alguna institución..." "Ya, pero piensa que la verdad puede ayudarnos a salir de muchos conflictos, incluso de esta crisis. Llevamos años dejando que nos engañen y engañándonos. No estaría mal afrontar 2010 como el año contra las manipulaciones. Un año de resistencia activa a la mentira..., ¿no te parece?". Cuando Gloria se va, Luis X observa que el pasillo está atestado de gente esperando entrar: unos trabajadores de la General Motors, un saharaui, dos músicos callejeros, un profe de primaria, una periodista en paro y muchos más. "¿Qué queréis?", les grita. "¡Respuestas claras, ideas factibles, soluciones honestas!", replican todos a la vez montando un jaleo exagerado. Muy nervioso, el hombre cierra la puerta con pestillo y termina de afeitarse. Y cuando sale del cuarto de baño, ve que todos han desaparecido; tan solo queda el aire frío y limpio de un año que empieza demasiado cargado de preguntas, hambriento de verdades.
       
       *La ilustración es de Víctor Meneses
       
       **El escritor Luis X ya ha aparecido en otros artículos míos: Todo final es futuro y Tarde buena, noche mejor.
       
       ***Este artículo fue publicado en el número extraordinario de Año Nuevo de Heraldo de Aragón. Si quieres añadir un comentario en este blog, tienes que enviarlo por email a jmheraldo@hotmail.com

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21/03/2009

ÑAPA (o La Empresa de Pepe Gotera)

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       En el mundo laboral, ahora mismo, hay perfiles profesionales que están bajando vertiginosamente en la escala de consideración social como, un poner, asesor de inversiones o promotor de urbanizaciones con campo de golf. Por otro lado, ninguno ha experimentado tanta subida como el mañoso o manitas. Ahora, quien tiene un manitas en casa, tiene un tesoro. En épocas de abundancia, el manitas es un ser mirado con desconfianza, como si fuera un sustituto cutre del verdadero profesional, que es el que sabe, el que cobra desplazamiento y mano de obra más IVA. Pero las épocas de abundancia se acabaron de repente al final del verano, cuando se recogieron las bicicletas y se acabó la Expo y empezó la vendimia.
        Pero el manitas, mal que le pese, siempre cargará con una tradición popular que le asocia a la chapuza, a la ñapa, es decir, al arreglo flojo, rápido y provisional. A la mala imagen del ñapas, colaboró como nadie el dibujante Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón. Corría el año 1966 cuando la revista (o tebeo) "Tío Vivo" le encargó la creación de nuevos personajes y así nació "Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio". En la pequeña empresa de servicios, Pepe Gotera es el jefe, siempre trajeado, que no para de dar ordenes ni de supervisar a su único operario, Otilio, un grandullón de enorme fuerza física y descomunal torpeza. Las ñapas de Otilio siempre acabarán en modélicas chapuzas, desastres, más bien, cuyas consecuencias recaerán en su jefe. Sí, ya sé que es una comparación muy facilona pero es tanta la tentación que voy a caer en ella: cuando leo las aventuras de Pepe Gotera y su empleado, pienso en José Luis Rodríguez Zapatero y en su, hasta ahora, ministro Pedro Solbes. Por favor, que no se me enfaden ni don José Luis ni el señor Gotera por la comparación, que es inevitable: los dos llevan traje oscuro y mandan un montón; lo mismo les digo a Otilio y a don Pedro, que no se me ofendan, que si los comparo es porque son hombres robustos y son los que se manchan las manos, siempre metidos hasta el cuello en la ñapa.
        Por supuesto que la empresa de Zapatero es más grande y tiene más empleados que la de Gotera, pero me temo que la imagen que transmite es, también, bastante ñapera. De momento, ya va por su octavo o noveno plan anticrisis, que, como los anteriores, consiste en un listado de reparaciones rápidas y aparentemente improvisadas (aplazamiento de cotizaciones a la seguridad social, ayudas para la contratación de trabajadores a tiempo parcial, permiso a los parados de más de 61 años para que hagan trabajillos, etc.) que no consiguen acabar con las averías de este país. Pero si hay algo que me hace pensar en el Gobierno como en una empresa al estilo de la de Pepe Gotera son los continuos aplazamientos de las fechas de "terminación de obra". Con Otilio, no se sabe cuándo acabará de alicatar el baño y con el ministro de Economía y la salida de la crisis... pues eso, primero dice que dentro de 6 meses, después que un año y, luego, musita: "No sé, he oído que Obama dice que va a ser más tarde." En fin, está claro que ha vuelto la ñapa. Y eso se valora muy positivamente en el ámbito doméstico pero negativamente en el político. Insisto, tener ahora un ñapas en casa es tener un tesoro, pero tenerlo en el Gobierno, no tanto, la verdad.
       
       PARA SABER MAS
       1) McGyver. Él convirtió la ñapa en arte en una serie de televisión. Con su navaja suiza como única herramienta, podía fabricar cualquier artilugio para vencer a los malos.
       2) La estación Zaragoza-Delicias. Gran arquitectura con microclima siberiano. Para mitigar el estado de precongelación de los viajeros, se ha recurrido a ñapas caseras, como braseros y mamparas, sin demasiado éxito.
       3) La ley de dependencia. Sobredosis de ñapas en su aplicación.
       4) Propina o pequeño regalo. Es lo que significa ñapa según el diccionario. Si compras un metro de cable y el de la tienda te regala 5 cm de más, esos 5 cm son la ñapa. Los bancos atraen con ñapas a los ahorradores; los de mi barrio, además del interés por un plazo fijo, dan desde un iPod hasta un juego de café.
       EJEMPLO DE ÑAPA
       Teatro Fleta de Zaragoza.
       Hace ya diez años, el Gobierno de Aragón formado por la coalición PP-PAR compró el Gran Teatro Fleta (un edificio racionalista de 1955 del arquitecto José de Yarza) para rehabilitarlo y convertirlo en escenario operístico y sede de una orquesta sinfónica y de un centro dramático y no sé cuántas cosas más. Con el entonces consejero Javier Callizo se gastaron 2.000 millones de pesetas y se destruyó el interior del edificio. En 2006, bajo el liderazgo cultural de la consejera doña Eva Almunia, se pretendió cederlo a la SGAE, entidad que prefería tirarlo para levantar uno nuevo. Ahora ya no se tira y dicen que volverá a ser un cine. En esta década de andamiajes y superñapas, ha pasado lo siguiente: nadie ha dimitido. Callizo sigue de viceconsejero y doña Eva Almunia ha ascendido a Secretaria de Estado.*
       
       * Heraldo de Aragón entregó un suplemento especial con el diario del 21 de marzo de 2009, consistente en un Diccionario de la Crisis. A mí me correspondió la letra Ñ. Y la palabra ÑAPA.

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29/01/2009

San Valero y el Ángel, una relación difícil

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       En esta fría mañana de enero, muy pocas personas transitan por la plaza del Pilar: una familia de Sabadell, un grupo de ingenieros gallegos, asistentes a un congreso, y algún solitario despistado. Todo parece tranquilo. Parece, pero no es así: en la puerta principal del Ayuntamiento de Zaragoza, San Valero y el Ángel Custodio de la Ciudad van a iniciar una de sus acostumbradas discusiones. Que no se llevan bien, que entre ellos dos hay sus más y sus menos, es cosa sabida. Uno de los policías locales que vigilan la entrada me comenta, un poco harto, que siempre están de pique: "Parecen críos, créame."
       Una ráfaga de viento le mueve la mitra a San Valero: "¡Dichoso cierzo! ¡Qué frío hace siempre en esta plaza! Y yo ya no tengo edad para estar tanto rato de pie, en plan estatua viviente. Preferiría estar en Barcelona, en las Ramblas; es más distraído y el clima es más suave." En vez de callarse, que es lo que tenía que hacer, el Ángel se pone a pinchar: "Hombre, cómo no, ya te estás quejando. ¿Pero de qué te quejas, si vives como un obispo? Como residencia permanente, tienes la catedral románica de Roda de Isábena, en el mejor de los paisajes; para los fines de semana, está a tu disposición la bonita iglesia de Enate, a orillas del Cinca, rodeada de viñedos..." San Valero le interrumpe: "Pensar que estaba yo en Roda y no me enteré del robo de la silla de San Ramón. Aquel Erik "el belga" era un ladrón muy profesional, no hizo ni un ruido. Y yo tengo un sueño muy profundo, tengo que reconocer." Pero el Ángel no ha terminado de hablar: "Y si se visita La Seo (o la catedral de San Salvador, como te gusta decir a ti) se puede comprobar que no tienes de qué lamentarte. Hay un busto relicario en el Altar Mayor, con tu cráneo dentro, todo en plata..." San Valero protesta: "Sí, pero la cara del busto no es la mía, que es la del Papa Luna; esa impostura me ha dolido mucho siempre". "¡Pero mira que eres tiquismiquis! ¡Qué más dará lo de la cara! ¿Y qué me dices del esplendor de tu capilla? Tú, en el centro, entre columnas salomónicas y con un diácono a cada lado: San Lorenzo a tu derecha y San Vicente a tu izquierda..." En este momento, San Valero se pone muy serio, con la mirada acuosa y perdida.
        "Oye, ¡no me nombres a Vicente, por favor! A pesar de haber pasado casi 1.700 años, todavía no he podido quitarme este sentimiento de culpa por todo lo que le pasó. Pobre Vicente, era tan brillante en todo, tan responsable... Como yo era muy tartamudo, él se consideraba en la obligación de interpretar mis palabras en los sermones, de hablar por mí. Entonces, a principios del siglo IV, sin prensa ni radio ni nada, la elocuencia era muy importante para extender la doctrina. Vicente era un orador ardoroso, que convencía. Cuando se desató aquella furia contra los cristianos bajo el emperador Diocleciano y nos detuvieron, el gobernador Daciano, aquel mal hombre, la tomó con él en los interrogatorios y le torturó hasta morir. Tuvo un martirio atroz, y todo por contestar en mi nombre, por mi culpa."
        Hay un largo silencio. En ese momento una mujer se acerca al santo y le pide que interceda por ella en su banco, que le van a quitar el piso, que ella y su marido están en el paro, que deben cuatro meses de hipoteca. Cuando se va, San Valero suspira con desaliento: "No creo que pueda hacer nada. La banca es muy laica, si lo sabré yo. Así, como el de ella, me llegan casos todos los días y me veo impotente en estas situaciones."
        El Ángel sigue pensativo: "¿Qué te crees, Valero, que yo no me siento culpable a veces de que las cosas no salgan bien? Mi obligación es proteger la ciudad de plagas y catástrofes pero no he podido evitar las subidas exageradas de tributos municipales ni el botellón ni la suciedad constante. Además, tengo a mi cargo a 715.000 ángeles de la guarda y no sabes lo que es organizar tanta tropa. La semana pasada murieron atropellados tres peatones. Y es que los ángeles jóvenes, los nuevos que se incorporan, no están a lo que hay que estar; van siempre despistados, con los auriculares puestos, escuchando su música". San Valero, que es un melómano, le interrumpe: "Escuchando a Haendel, a Bach, a Monteverdi. ¡Déjales que lo hagan, son jóvenes!" El Ángel se ríe: "Ya, a Haendel. Ni saben quién es. Escuchan a Nena Daconte, a U2, a Melendi... y luego pasa lo que pasa."
       San Valero pone cara de no entender y cambia de tema: "Oye, Custodio, ¿te has creído eso de que Antonio López va a pintar una cúpula del Pilar?" "Ojalá. Ese artista tiene la gracia de Dios pero no sé, los del Arzobispado siempre ponen muchas pegas a todo; fíjate lo que pasó con Jorge Gay y su proyecto. Se quedó en agua de borrajas." San Valero piensa en voz alta: "Yo creo que López me pintará a mí, al fin y al cabo soy el patrono de Zaragoza." El Ángel suelta una carcajada: "Sí, está pensando en eso, en pintarte allí arriba mientras te comes el roscón, jaja. Por cierto, Valero, las sorpresas de tus roscones cada vez son más cutres, no es por ofender."
       El santo no se enfada y sonríe: "Ahora me estoy acordando de que íbamos mi diácono Vicente y yo, encadenados los dos, camino de Valencia y no podíamos más de sed y los soldados se negaban a darnos de beber. Cuando llegamos a Daroca, él dio tres golpes en el suelo con mi báculo y surgió un chorro de agua. Todavía está en ese mismo sitio, en la calle de la Grajera, el llamado pozo de San Vicente. Qué gente más maja la de Daroca, cuánto ánimo nos dieron."
       "Oye, me lo has contado mil veces. A ver si cambias de prodigio," le suelta el Ángel Custodio, que siempre está un pelín celoso cuando se acerca el 29 de enero. Y eso es que no le gusta nada pasar a un segundo plano. Al fin, va a resultar que santos, ángeles y humanos... primos hermanos. Y sigue soplando el cierzo.*
       
       *El 29 de enero se celebra la festividad de San Valero, patrono de la ciudad de Zaragoza, y con ese motivo, se ha publicado en Heraldo de Aragón este artículo,con ilustraciones de Blanca Bk, que también puede consultarse en la página web de Heraldo de Aragón, pinchando aquí .

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24/12/2008

Tarde buena, noche mejor

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       Después de una larga siesta, el escritor Luis X se toma un café y, ya despejado, se pone a trabajar, es decir, a escribir, que es su pasión. Pero hoy no tiene un buen día por varias razones. Una de ellas es que un importante diario le ha encargado un artículo "de gran calado" que haga balance del año que acaba; y no tiene ni idea de cómo enfocarlo. Otra de las razones de su malestar es que el día de Reyes se falla el premio Nadal, al que se ha presentado. No se lo van a dar porque se ha equivocado de argumento: el protagonista de su novela es un economista que monta un banco y, en cinco años, se hace tan rico que cae en una depresión, de la que sale gracias a su relación con un monje tibetano. La novela, que mezcla el glamour de la sociedad del lujo con la espiritualidad oriental, es, para él, lo mejor que ha escrito. Pero hoy en día no se puede presentar como héroe a ningún banquero; es, cómo decirlo, inadecuado. Si pudiera volver atrás, el mejor argumento sería la amistad entre un niño, hijo de un general franquista, con otro, hijo de un miliciano en el Madrid de la Guerra Civil, más que nada porque ha sido el año de la memoria histórica. Pero... ¿esa novela no está ya escrita?
       En casa de la familia BG, la cena de Nochebuena va a ser tranquila, con sólo 6 personas: Andrés y Mariluz, la madre de él, la hermana de ella, que es soltera, y las dos niñas. En estos momentos, Mariluz está ya cocinando, hecha un tremendo lío porque no se le ha ocurrido mejor cosa que seguir una receta de Ferrán Adriá. "¡Me voy a volver loca con este plato!", se lamenta. Mientras, la hija pequeña, que ya tiene 16 años, está en la calle, a la puerta de un pequeño comercio, esperando a unos amigos de más edad que están dentro comprando bebidas (tinto, ron, cola, etc.). Es que la pandilla se va a ir de botellón hasta la hora de la cena, porque a algunos no les van a dejar salir después. La señora china que está en el mostrador les desea, muy sonriente, una feliz Navidad. "Hasta mañana", se despiden los chavales.
       
       Un toque de tradición
       La hermana de Mariluz está dando los últimos toques a su pequeño belén. Siempre lo acaba de la misma manera: pone el puente sobre el río de papel de aluminio y coloca la samaritana sobre el puente. Y antes de ir a casa de su hermana a cenar, va a tomarse una copita de cava ella sola mientras escucha a Jorge Drexler, un cantante que le recuerda a aquel señor uruguayo tan interesante que conoció en la Expo y que le regaló un disco de tangos. Ah, la Expo, ¡qué fiesta fue todo aquello! ¡Qué final de fiesta!
       Delante del ordenador, Luis X sigue con su balance del año. En una hora, sólo ha podido escribir la frase inicial: "Lo primero que tendríamos que preguntarnos es si estamos al final de un año o al final de una era." Por supuesto que tendrá que nombrar a Obama, a Nadal, a Javier Bardem y a Carme Chacón, pero a él le gustaría hacer un análisis psicológico, profundo, del ciudadano que comprueba, decepcionado, que la sociedad de consumo, en la que se había creído el rey, era sólo un engaño, pura ficción, una fantasmada. De repente, tiene una idea para la última línea del artículo: "Después de años viajando a Belén en lujosas limusinas alemanas, los Magos de Oriente han tenido que volver a ensillar sus camellos". Como frase es mejorable, pero ya es algo.
       
       Secretos para cenar
       La familia BG ya está sentada a la mesa y Mariluz sirve gambas con tuétano y puré de calabaza (receta de Adriá) en un alarde de cocinera a la última. Silvia, la hija mayor, rompe el largo silencio inicial: "Le he dicho a un amigo que venga después de cenar a tomar la copa". "Pero ¿es tu amigo o tu novio?", pregunta su tía. "Bueno, da lo mismo... Quiero que lo conozcáis, ¡es palinólogo!", contesta entusiasmada. Ante el estupor de los demás, lo aclara: "Estudia el polen. Sabe cómo van a ser las cosechas y la miel y esas cosas". "¿Y le pagan por eso?", interviene su hermana, ya un pelín modorra. La cena, pues, se anima. Sólo el padre permanece callado. No ha dicho nada a nadie todavía, pero sabe que él está dentro del ERE que va a presentar su empresa después de Reyes; sí, se va al paro. Su mujer le mira: "Andrés, ¿te pasa algo, que no hablas nada? Venga, toma más gambas con tuétano." "No, gracias, que la calabaza llena mucho," se disculpa.
        El escritor oye a su mujer que le llama para la cena. Está angustiado, no puede terminar el artículo sobre 2008. Y es que para él ha sido un año bien triste, con el Zaragoza en segunda división... ¡Ya está! ¡Cómo es posible que no se le hubiera ocurrido antes! El descenso del Zaragoza, precisamente cuando celebraba el 75 aniversario, no fue más que una metáfora del desastre, una señal del destino para anunciar la crisis que iba a venir. "El fútbol puede explicar la vida mucho mejor que la literatura", teclea frenético, exultante. Pues va a ser que sí. Nos vemos. Feliz Navidad.*
       
       *La ilustración es de Isidro Gil.
       *Este artículo fue publicado en el número extraordinario de Navidad de Heraldo de Aragón.

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30/05/1998

Ficción Británica a la Carta

Puede que el secreto resida en que llenan la estilográfica con tinta y té de Ceilán a partes iguales o, más probablemente, en que han leído mucho a Dickens, a las hermanas Brontë y a Jane Austen en sus años escolares; lo cierto es que un secreto tiene que haber para que los escritores de raíces británicas sean tan condenadamente buenos escribiendo novela: estructuran muy bien la trama, crean personajes sólidos e inventan historias con el deseo de cautivar a lector, de envenenarlo de entretenimiento.
        La remesa de novela que hemos importado de las islas británicas y de los países de su antiguo imperio ha sido excelente en estos cinco primeros meses del año. Llegó el último premio Booker, El dios de las pequeñas cosas (Anagrama) en el que la india Arundhati Roy cuenta con lirismo y gran fluidez una historia intensa y muy dura, la de una familia que se empeña en que sus miembros no sean felices, rompiendo a golpe de tradición y prejucios el paraíso de la niñez. Un enfoque más clásico y un estilo más realista se dan en Un perfecto equilibrio (Mondadori) del también indio Rohinton Mistry: cuatro personas muy dispares se ven forzadas a compartir una casa: del entrelazado de sus historias individuales saldrá un espléndido fresco de la historia política y moral de la India moderna.
        Para los amantes de la novela negra, es imprescindible la lectura de la última entrega del enfant terrible de la literatura inglesa, Martin Amis, quien en Tren nocturno (Anagrama) da una lección de inteligencia con la historia de una policía marimacho enfrentada al bello cadaver de una niña rica; poco a poco se irá descubriendo que la solución del enigma está en el envés oscuro de los estereotipos, en el secreto de las apariencias. No menos recomendable es Cómplice (Mondadori), del escocés Iain Banks, que cuenta la aventura, a veces muy violenta, de un periodista drogadicto envuelto en las andanzas de un asesino en serie.
        La novela como crónica de la realidad social nos llega de las dos Irlandas. La vida de malos tratos que sufre una esposa a manos de un marido que todos admiran es el núcleo de La mujer que se daba con las puertas (Alfaguara), de Roddy Doyle. Mientras que el poeta Seamus Deane ha elegido contar en Leer a oscuras (Mondadori) la violencia en Irlanda del Norte a través de la mirada de un niño.
        Pero los hay que quieren novelas de amor; bien, pues para gozar, sufrir a gusto, y especular sobre tan deseado y temido síndrome nada como la última entrega de Alain de Botton, Como cambiar tu vida con Proust (Ediciones B). El autor es una ave rara, una mezcla de novelista y filósofo divertido al que, por lo menos, hay que conocer, aunque con cuidado porque puede crear dependencia.
        Los amantes de la historia-ficción encontrarán en El rinoceronte del Papa (Anagrama) un viaje al Renacimiento, con un punto de desmesura muy próximo a la imaginería de Fellini. En las antípodas de la novela de Norfolk, está el relato hecho con ojo de periodista de la peculiar relación que existió, durante la segunda guerra mundial, entre el poeta Louis Aragon y Henri Matisse en La guerra de Matisse (Circe) de Peter Everett. Y si uno quiere el remanso de los clásicos, hay que ir a lo más reciente de la colección que dirige Luis Magrinyá para la editorial Alba: un Dickens, Grandes esperanzas, y un Henry James, La copa dorada, en ediciones y traducciones que son un alarde de esmero. Y no olvidarse de Lewis Carrol, aquel matemático paidofilo que nos enseñó a viajar al otro lado del espejo, de quien Anagrama publica una magnífica biografía y Lumen reedita Niñas en un album exquisito.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 30/05/1998
       
       En un extraordinario de El País con motivo de la Feria del Libro, se publicó este arículo dentro de la sección Crónicas del otro lado de las fronteras. Si quieres leerlo, pincha aquí y se abrirá en archivo PDF.. Como verás, tiene una excelente, muy querida por mi, ilustración de RALPH

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