Escenarios

21/11/2010

Estreno de "Plácido", de Luis García Berlanga

Hola, aquí viendo 'Plácido' por enésima vez. La película de Berlanga pertenece a esa categoría de cine, universal y perenne, que siempre puede disfrutarse con la ilusión de un estreno. Me pasa con el musical 'Cantando bajo la lluvia', con el thriller de (o para) aldragueros 'La ventana indiscreta' o con las aventuras de Daphne, Josephine y Sugar, esa virtuosa del ukelele, en 'Con faldas y a loco'. Uno vuelve a esas películas con los restos de inocencia que le quedan y, en un ejercicio de impostura muy íntimo, hace como que no recuerda los diálogos o el desenlace. 'Plácido' reúne el ternurismo de Frank Capra, la ácida visión social de Vittorio de Sica y la poética surrealista de lo cotidiano de Fellini, a lo que Berlanga incorpora grandes dosis de humor negro. Pero me pregunto, al verla en noviembre de 2010, si es tan actual debido al talento del director o si su vigencia se debe a que la sociedad española no ha cambiado tanto como creemos.
       La película se apoya en dos líneas argumentales: las zozobras de Plácido para pagar la letra mensual de su motocarro y la iniciativa de unas señoras caritativas, consistente en que las familias acomodadas sienten a un pobre a su mesa en la cena de Nochebuena. Plácido es lo que ahora llamaríamos 'un autónomo del transporte' que teme perder su vehículo, es decir, su medio de vida, por culpa de los impagos y las dilaciones de sus clientes y, también, de la inflexibilidad bancaria. Y esto es algo que ocurre aquí y ahora, y no a uno ni a dos sino a muchos Placidos, en el drama económico que nos está tocando vivir. Por otro lado, esas familias de provincias que acogen a un pobre, mientras un locutor de radio retransmite lo que acontece en la cena, no están muy lejos del presentador de televisión que se desnuda para una revista y, a continuación, se hace una foto entregando el cheque cobrado a una ONG o de la gente guapa que organiza caravanas, como en un Paris-Dakkar de buenos sentimientos, para llevar alimentos a Gambia. La caridad, en España, parece estar reñida con la discreción. Por eso, y por tantas cosas, 'Plácido es una película que se estrena cada vez que se ve, porque nuestra realidad ya se encarga de actualizarla.
       
       Luis García-Berlanga, director de cine español falleció en Madrid el 13 de noviembre de 2010, a la edad de 89 años.

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25/10/2010

La espalda de Kim Novak

Si Marlene Dietrich llenaba la pantalla estirando las piernas y bajando los párpados, si Audrey Hepburn fue famosa por su cuello, si Sofía Loren ha turbado a generaciones con su canalillo de venus napolitana y Marilyn Monroe estableció el principio geométrico de que la línea curva es superior a la recta, Kim Novak utilizó su espalda como estandarte de su físico. Tuvo talento, belleza y el carisma necesario para ser convertida en estrella de Hollywood por directores como Hitchcock, que la dirigió en Vértigo. Hitchcock, que era un maestro en el uso oblicuo del erotismo, se quedó prendado de la Novak porque esta "enseñaba la espalda para dejar claro que no usaba sujetador". Pero fue Joshua Logan quien la colocó en el firmamento cinematográfico con un dramón sureño, hoy olvidado, titulado 'Picnic', en el que ella bailaba con William Holden el que dicen que es el baile más sexy de la historia del cine. Ocurre en una verbena, muy despacio, bajo la luz de los farolillos de papel movidos por la brisa de bochorno; Holden es un aventurero muy quemado por la vida y ella es la guapa del pueblo. Lo siento, ya no cuento más. Y Billy Wilder tampoco se resistió a convertirla en protagonista de una de sus comedias más amargas, 'Bésame, tonto', en la que bordaba el papel de una ingenua prostituta, una heroína en la línea tierna y mordaz de la Shirley MacLaine de 'El apartamento' e 'Irma la dulce'.
        Ahora se vuelve a hablar de Kim Novak porque tiene 77 años y está gravemente enferma. Los grandes actores también enferman y mueren, aunque menos que el resto y si no, que se lo pregunten a Marilyn Monroe, James Dean o Jack Lemmon. Seguro que 'Picnic' y 'Vértigo' y 'Bésame, tonto' se pueden encontrar en formato de deuvedé, así como las comedias en las que la dirigió Richard Quine, como 'Me enamoré de una bruja'. Pero pienso que la noticia no es exactamente el cáncer de mama que padece Kim Novak sino el presentimiento de que queda ya poco tiempo para que se acabe definitivamente una manera de concebir el cine, es decir, para que en el cielo ya no quede ninguna estrella cinematográfica que ilumine nuestros sueños. Ahora, sí, hay muchas estrellas cinemediáticas, que duran lo que les duran las pilas, pensadas para pantallas pequeñas de uso personal o doméstico. Eso es realmente lo malo, que en la pantalla de un iPod no cabe la espalda de Kim Novak.
       
       (Enlazada, escena de la película Pal Joey, en la que Frank Sinatra y Kim Novak bailan "I could write a book", de Rodgers and Hart)
       
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09/05/2010

Latidos en escena

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       Hola. Hay crisis, sí, pero no para el teatro, que ve crecer el número de espectadores mes a mes. Para explicar este fenómeno, todos insisten en una ocurrencia que se ha convertido en tópico: "El auge del teatro se debe a que es el único arte que no se puede bajar de Internet". Menos mal, no quiero ni imaginarme lo que pasaría en mi casa si me invadiera la familia mal avenida de Hamlet, príncipe de Dinamarca. Hamlet tiene un carácter difícil e imprevisible y prefiero tratarlo desde el patio de butacas que en la intimidad del salón. Y las consecuencias de descargarse una obra como 'Fuenteovejuna' podrían ser desastrosas; al fin y al cabo es todo un pueblo el protagonista y en este piso no caben tantos. Pero incluso una obra de un solo personaje sería pura incomodidad; estoy pensando en 'Cinco horas con Mario'. Por un lado, tener en casa a la gran Lola Herrera actuando para uno y, además, gratis es muy tentador pero si pensamos en que, para decir su monólogo, necesita un ataúd delante, entonces prefiero ir al teatro. Sí, nada de Internet; lo mejor acaba siendo pasar por taquilla y pillar un buen asiento cerca del escenario.
        No obstante y chistes aparte, la buena etapa por la que atraviesa la escena española no deja de sorprender puesto que la sociedad se está acostumbrando al consumo gratuito de la cultura (y empezando a exigirlo como un derecho) gracias a la complicidad de la red y el ADSL. Entonces, ¿por qué asiste la gente a las funciones teatrales y paga por la entrada, cuando ésta suele ser más cara que una de cine o un CD de música? Las razones pueden ser, entre otras, que cada vez se hace mejor teatro, porque las compañías son más profesionales, o que las series de televisión rinden mucho publicitariamente cuando sus actores pasan a las tablas; tele y teatro ya no son enemigos sino aliados. Pero, para mi, la razón fundamental está en que el personal se está cansando de la cultura a través de las pantallas aunque las use sin parar, o precisamente por eso. En el teatro no sólo se oye a los actores decir su texto; se oyen, sobre todo, su respiración y sus latidos. Corazones que laten para nosotros en cada función. Y eso, no hay tecnología que lo pueda sustituir. Nos vemos.
       
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31/01/2010

Django Reinhardt: Jazz francés

Hola. Hace una década, Woody Allen rodó una de sus mejores películas, "Acordes y desacuerdos", en la que contaba la historia de un tal Emmet Ray, un músico que, supuestamente, fue leyenda en la América de los años treinta. Ray era un tipo fanfarrón que no dudaba en proclamarse como el mejor guitarrista del mundo, aunque solía matizar: "Bueno, soy el mejor, sí... pero después de Django Reinhardt". Lo cierto es que Emmet Ray, aunque verosímil gracias al talento de su creador, no deja de ser un personaje inventado; no es ese el caso de Reinhardt, que habría cumplido 100 años el 23 de enero pasado.
        Aunque francés de adopción, Django nació en Bélgica, en el seno de una familia gitana y nómada que vivía del espectáculo de la cabra y el oso. A los 18 años, sufrió un accidente que no sólo marcaría su vida sino que revolucionaría la música de jazz: la carreta en la que iba, llena de las flores de celofán que fabricaba su mujer para la venta, se incendió y, como secuela de las quemaduras, él perdió el uso de dos dedos de la mano izquierda. Esa discapacidad no le impidió seguir tocando la guitarra hasta desarrollar un estilo único, muy rápido, a la vez vibrante y melancólico, al que se acabaría llamando "jazz manouche". Sus composiciones, sus cuarenta discos grabados y su propia biografía le han asegurado un puesto permanente en la Historia del Jazz, sí, pero lo que mantiene su figura tan viva hoy es el atractivo que ha seguido ejerciendo en numerosos artistas. A diferencia de la fluctuante relación, entre el afecto y el olvido, de los españoles con la Copla o el flamenco, Francia siente veneración por sus intérpretes y ha conseguido algo tan difícil como la ausencia de rupturas generacionales con su tradición. En su centenario, Django Reinhardt puede estar bien contento porque son muchos los músicos que han abrazado su estilo, desde consagrados como Biréli Lagrène hasta jóvenes como Stéphane Sanseverino o el hijo de Françoise Hardy, Thomas Dutronc, cuyo último disco se titula, para que no haya dudas, "Como un manouche sin guitarra" . Para Django, eso sí que habría sido una desgracia; mucho más grave, como dejó bien claro, que ser un manouche sin todos los dedos. Nos vemos.
       
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08/03/2009

Dulce Jane Birkin

imagenHola. Fue a finales de los sesenta cuando el director de cine Michelangelo Antonioni rodó "Blow up". La historia, basada en un cuento de Cortázar, partía de un hecho inquietante: cuando un fotógrafo ampliaba unas imágenes captadas en un parque de Londres, descubría que, entre el follaje, podía verse un cadáver. Trataba, pues, de los sutiles límites entre realidad y apariencia y del deber de traspasar la superficie de las cosas para buscar la verdad. Es probable que entonces no todos vieran el conflicto moral que "Blow up" planteaba y que se quedaran únicamente con las provocadoras escenas que contenía. Entre ellas, había una en la que dos mujeres muy jóvenes se revolcaban con el fotógrafo sobre un gran rollo de papel, mientras se iban quedando sin ropa. Una de ellas era Jane Birkin. Nadie podía imaginarse que aquella inglesita guapa y larguirucha iba a darnos, casi 40 años después, un disco tan hermoso como "Arabesque", en el que cantaba temas muy franceses, compuestos por el que fue su marido, Serge Gainsbourg, con arreglos muy árabes. No era su primer disco pero sí el que le hizo ganar el respeto definitivo del público y el de sus colegas.
        Entonces, cuando yo escuchaba "Arabesque", no podía imaginarme que este miércoles pasado iba a verla sobre un escenario en Zaragoza. Nacida en 1946, conserva el encanto y la voz de una adolescente. Triunfó, pero creo que es exagerado considerarla como una de las grandes de la canción francesa aunque sí es cierto que ya tiene un lugar propio en las faldas de una cumbre que estará ocupada eternamente por Edith Piaff, Juliette Greco y Barbara. Muertas las otras dos, la Greco, ya octogenaria, sigue actuando y llenando teatros. Son ella y Charles Aznavour los únicos que quedan de la época gloriosa de "la chanson". Pero "la chanson" sigue muy viva porque en Francia los cantantes jóvenes no han dado la espalda a su música más tradicional y eso ha sido gracias a una generación intermedia, la de Françoise Hardy, Jacques Dutronc, Henri Salvador o la dulce Birkin, quien actuó aquí el otro día con el espíritu de Serge Gainsbourg a su lado y con la Greco, Brassens y Sacha Distel sonriendo contentos al fondo. Porque el viento del norte va a seguir moviendo, durante mucho tiempo, las hojas muertas. Nos vemos.
       
       Las diez mejores canciones en francés, creo. / The ten best songs in French, in my opinion. / Les dix meilleures chansons en français, à mon avis.
       
       1. Avec le temps. Leo Ferré
       2. Que reste-t-il de nos amours. Es una canción de Charles Trenet, cantada por casi todos. Es muy buena la versión de Sacha Distel y maravillosa, triste y sensual, la de Joao Gilberto. Caetano Veloso y Françoise Hardy también la cantan.
       3. Les feuilles mortes. Hay muchas versiones, tanto en francés como en inglés ("Autumn leaves"). Las mejores en francés siguen siendo las de Yves Montand y Juliette Greco y en inglés, mi predilecta es la de Eva Cassidy.
       4. La javanaise. Esta canción, que Serge Gainsbourg escribió para Juliette Greco, se ha convertido en un auténtico clásico, con un número creciente de versiones. Mi preferida es la de Claude Nougaro. Y hay que escuchar, es obligatorio, una emocionante versión a capella que hace Jane Birkin en su disco "Arabesque". La más reciente que he oído es una muy interesante de una cantante jovencísima, Pauline Croze.
       5. Il n'y a pas d'amour hereux. Georges Brassens es la referencia pero no hay que dejar de lado la versión que hace Françoise Hardy; se la apropia de verdad.
       6. La chanson des vieux amants. La versión de su autor, Jacques Brel, es inevitable y la de Juliette Greco, llena de fuerza y melancolía, hay que tenerla en cuenta. Una de las últimas versiones es también una de las mejores, me refiero a la que hace la española Paloma Berganza con el trío de Horacio Icasto.
       7. Nantes. Barbara.
       8. Il est cinq heures, Paris se lève. Jacques Dutronc.
       9. Verlaine. Charles Trenet
       10. Salle d'attente. Edith Piaff

COMENTARIO de Fernando Villacampa (09 de marzo de 2009): A propos del apéndice a tu Crónica de hoy. Hacer una lista de "los diez mejores..." de lo que sea es tan complicado como hacer una antología poética. Haces bien en añadir el "creo". La mía no coincidiría con la tuya (empezando porque sería incapaz de reducir a 10 las que más me gustan), pero en ese tema tú estás mucho más puesto que yo. En cualquier caso, un par de observaciones se me ocurren:
       - Parece raro que no incluyas Ne me quitte pas (teniendo en cuenta que hablas de canciones en francés, no de autores franceses).
       - Sólo de Brassens, ya me resultaría dificilísimo quedarme con sólo diez. Pero puestos a ello, creo que preferiría una compuesta íntegramente por él, letra y música. Il n´y a pas d´amours heureux, la letra es de Louis Aragon.

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04/05/2008

Aída y la comedia global

Hola. Hablemos de Aída García: divorciada, exalcohólica, madre de tres hijos difíciles, hija de una madre que la detesta, hermana de un exdrogadicto y amiga íntima de una vecina prostituta. imagenEsta antiheroína de la comedia de situación más vista en la tele en España no nació ayer. Su antecedente más cercano es Gloria, el ama de casa adicta a las anfetaminas de "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", una peli de Almodóvar, pero el verdadero origen de Aída está en una encantadora americana llamada Lucy, que reinó en la televisión en blanco y negro de la década de los 50. imagenLucy Ricardo (interpretada por Lucille Ball) vivía felizmente casada con Ricky Ricardo (Desi Arnaz), un músico de origen cubano, en una confortable casa de Nueva York, en la que ya había aspirador y frigorífico cuando en España las neveras todavía eran de hielo y se barría con escobas vegetales. La pulcra y alocada Lucy, haciendo tartas de chocolate en su envidiable cocina mientras su marido veía los partidos de fútbol, no podía imaginarse los descendientes que tendría, pasado el tiempo, en ese género televisivo que ella inauguró, la "sit-com", un tipo de comedia que saca risas de las situaciones más cotidianas de la vida, aunque sea de la vida perra.
        Aída García sobrevive con subempleos en un ambiente doméstico agobiante en Esperanza-Sur, un barrio de Madrid que todos reconocen como Carabanchel. Su humor es amargo pues surge de los materiales de desecho que se encuentran en las zonas más oscuras y cutres de la sociedad del bienestar. Y también en la televisión americana, otro descendiente de Lucy Ricardo goza de gran éxito. Se trata del protagonista de "Me llamo Earl", un exladronzuelo que trata de corregir los errores de su pasado con ayuda de Randy, un hermano de pocas luces. imagen
       
       
       Pienso que hay que juntar a Aída con Earl y a Luisma con Randy en una "sit-com" definitiva y global. Será la mejor manera de comprender la crisis de las hipotecas, la crisis del mundo de Lucy, todas nuestras crisis. Nada más, nos vemos.

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03/12/2006

El pecado del éxito

Hola, esto es una tarde de verano en una casa de comidas de Amsterdam y acabo de conseguir que una holandesa entienda, por fin, que quiero un filete con espinacas. El restaurante está lleno de holandeses que sólo hablan el idioma que aprendieron de su madre, pero el problema es que mi madre a mi me enseñó otro. A ver si un día las madres se ponen de acuerdo y enseñan todas el mismo idioma. Pero el tema es este: por los altavoces del local sale lo que los americanos llaman "la voz de miel". O sea, Julio Iglesias y cantando en español. Mientras como mi filete, pienso en este topicazo: solamente la música es un lenguaje universal. Incluso, Julio Iglesias o, sobre todo, Julio Iglesias. Y lo digo porque, dos años antes, en un pub del norte de Escocia escuché "Un canto a Galicia" varias veces, en plan "si no quieres caldo, toma taza y media", dada la devoción del barman por el cantante.
       Bueno, ahora me paso a Françoise Hardy, la reina del pop francés de los 60, que sigue, hoy mismo, interpretando sus canciones tristes sobre los amores que se desvanecen, susurrandolas al corazón adolescente de los cincuentones. imagenAcaba de sacar un disco en el que, ¡ey!, interpreta un dúo con Julio Iglesias. Aparentemente, se trata de un duo imposible: ella es moderna, sutil, enigmática; y él puede parecer un poco antiguo, azucarado quizá. Sin duda, Julio es mucho más popular que la Hardy y ha vendido muchos más discos pero, en España, tiene que hacerse perdonar su éxito. Después de 30 años, su triunfo no puede ser casual; tiene que deberse a su voz y a su empeño por entretener a los demás con profesionalidad. ¿Por qué, aquí, se le está haciendo siempre de menos? ¿Por qué, para los españoles, el éxito es algo positivo en la carrera de un extranjero y negativo en la de un nacional? En la presentación de su disco en Madrid, Françoise Hardy no ha parado de elogiar a Julio Iglesias: "No gusta a los pseudo-intelectuales pero es formidable". En fin, ha tenido que venir ella a decirlo en voz alta. Nos vemos.

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05/02/2006

Zaragoza-Liverpool

Hola. Aquí, o no pasa nada o pasa todo de golpe. Zaragoza no mata pero desestabiliza un montón, tan cambiante como es. Tremendo lo del jueves, no este jueves pasado, no, me refiero al anterior. Estadio de la Romareda: gol, gol y gol. O sea, así, seguidos, metidos en la portería del Barcelona. El Barcelona vuelve a ser el gran equipo que fue y por eso, cada gol que se le mete vale por tres; es como con los cromos, que no todos valen lo mismo. Un gol metido al Madrid sólo cuenta por uno, porque como Beckham está mirando a las cámaras y Ronaldo, a las seguidoras, los goles tienen menos mérito. Una teoría, tan sólo.Y mientras el Real Zaragoza "escribía una página gloriosa en la historia del balonpié", como diría un cronista con solera, en un garito de la calle Mayor, actuaba Tony Sheridan. imagen
       Tony es un músico legendario. Les cuento: Sheridan ya era un rockero conocido cuando se instaló como figura en el Star Club de Hamburgo. Allí, él elegía los grupos que le acompañaban. Y eligió a unos chavales que empezaban, los Beat Brothers, más tarde conocidos como los Beatles. Grabó un disco con ellos. Los descubrió. Esto pasó hace algo más de 40 años. Pero ese jueves que en Zaragoza se metieron tantos goles, Tony Sheridan cantó sobre el escenario de La Casa del Loco como si acabara de hacer la mili; joven y entregado, pero con la experiencia y el carisma de las auténticas estrellas. Delante, unos quinientos miembros y amigos del Sergeant Beatles Fan Club, ese club baturro de fanáticos de los Beatles que envidian en el mismísimo Liverpool. Juan Agüeras y Javier Tarazona, sus fundadores, organizan conciertos para honrar a sus ídolos, editan una revista cuatro veces al año (ya van por el número 49) y producen discos con versiones del repertorio Beatle. En medio de la actuación de Tony Sheridan, alguien pilla un micrófono y grita: "¡El Zaragoza ha ganado por 4-2!". Bueno, esto también pasaba en Liverpool y en Hamburgo, ciudades muy rockeras y muy futboleras. Ufff, ¡qué noche la de aquel jueves! Nos vemos.

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09/10/2005

Cadáveres para un mito

Hola, aquí un amiguete y aquí también, un mito. El amiguete es Fernando Gracia , un cinéfilo gran reserva muy ligado a la legendaria tertulia cinematográfica de Bodegas Perdiguer. El mito es James Dean, que hace 50 años que se dio un tortazo con el coche y se instaló en la eternidad. Fernando habla de Dean en el Ámbito Cultural del Corte Inglés y se pone cañero: "Lo de si era buen o mal actor estaba por ver porque tres películas no son una carrera". Fernando sigue desmitificando, hala: "Tuvo una fama excesiva, más por su valor como personaje que por su valía actuando". Como para ilustrar, se proyecta "Rebeldes sin causa", una visión amarga de la juventud de la clase media americana, en la que James Dean se enamora de Natalie Wood. Natalie apareció ahogada años más tarde; dicen que se cayó de su yate al mar porque estaba un poco piripi. Y al amiguete de Dean en la película, el actor Sal Mineo, le pegaron varios tiros otros amiguetes, evidentemente mal escogidos. "Rebeldes sin causa" puede verse ahora como si fuera un cementerio pero no sólo de actores sino también de un tipo de cine excesivo, de colores intensos e irreales, que giraba en torno a las estrellas. La pantalla se llenaba con el primer plano de los protagonistas y de sus ojos húmedos salía una constelación de confeti y lentejuelas. Y si ese cine pasó a peor vida, también lo han hecho las salas que lo proyectaban.
        Hace unos días, cerró el cine Goya, que ya se había reconvertido en multicines para sobrevivir. Poco antes, lo hizo el Mola. Y sigue muerto y abandonado el cine Coso; y el Coliseo es ahora una tienda de ropa. Lo siento, pero "Rebeldes sin causa" ya no es la misma película vista en una pantalla de plasma. ¿Qué pasa? ¿Hay un ataque de nostalgia? Pues si, claro que si. Quizá James Dean no fuera un gran actor pero era preferible a Ronaldo y el "star system" era bastante más interesante que los programas del corazón y el mejor videoclub del mundo jamás podrá sustituir al cine Goya. Así estoy de triste. Nos vemos.

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30/01/2005

Javier Crahe. El cantante libre

Hola. Esto va muy mal. Hablo de aquí, de España, Bilbao y San Sebastián incluidas. En todas partes, la gente se ha vuelto susceptible, picajosa, agresiva. Se molestan, se enfadan, protestan, gritan por cualquier cosa. Me temo que ha ocurrido una gran desgracia: hemos perdido el sentido del humor. No me refiero a la capacidad de reírse por un buen chiste, no. Me refiero a esa actitud moral que consiste en ver la vida desde lejos y sonriendo, en saber encontrar el lado cómico de lo más serio o solemne. En estos tiempos malhumorados y llenos de crispación, cada vez son más necesarios los cantantes como Javier Krahe. ¿Quién es Javier Krahe? Son muchos los que no saben quién es pero él llena las salas donde actúa desde hace 20 años. Un cantante que se ríe de todo, un cantante libre, eso es él.
       Hola. Sopla un cierzo helado y en el colegio mayor Pedro Cerbuna, hay un ambiente cálido y alegre porque Krahe está presentando un disco con 24 canciones suyas cantadas por otros, como Alejandro Sanz, Mónica Molina o, incluso, Iñaki Gabilondo. Pablo Carbonell llevaba varios años empeñado en rendir un homenaje al artista que más le gusta y se ha salido con la suya. El resultado es brillante porque, además de las canciones, contiene un documental de Ana Murugarren y Joaquín Trincado sobre la última gira de Krahe por los pequeños escenarios de toda España. Un público entusiasta corea sus canciones satíricas, que tanto deben a Brassens y a Quevedo, o amorosas. Sus amigos, desde un chungón Forges hasta un tierno y divertidísimo Juan Tamariz, hablan de él con cariño, con admiración y con envidia. No es para menos, él se atrevió a cantarle a Felipe González en el 86: "Tú decir que si te votan, tú sacarnos de la OTAN... Ahora, tú ser presidente... Hombre blanco hablar con lengua de serpiente". Por eso, a Krahe se le ignoró durante demasiado tiempo. Cuando Alejandro Sanz canta, ¡y qué bien!, "Sábanas de seda", demuestra que si Krahe no ha sido un éxito de ventas es porque algo raro e injusto ha ocurrido.

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16/05/2004

Música y tabulé

Hola. Esto es una movida solidaria. Para sacar pasta, los de CODIA han montado un fiestorro en el Centro Cívico Delicias, con buffet. Yo ya estoy en el buffet, porque soy de mucho comer, probando el tabulé. Voy a explicar dos cosas. Una: los de CODIA tienen una escuela de español gratis total para inmigrantes. Hay unos cuarenta profes dando clase sin cobrar un duro y currando a horas molestas, como a eso de las 9 de la noche del sábado, por ejemplo. A esa hora los demás estamos tomando cañitas, ¿a qué sí? La otra cosa que tengo que explicar es lo del tabulé. Se trata de una ensalada libanesa a base de sémola, tomate, cebolletas, perejil, menta, limón y aceite de oliva, que está muy buena. A mi es que me sabe bueno todo, la verdad.
       El fiestorro consiste en que actúan muchos grupos de aquí. Desinteresadamente, claro. Primero salen los Jazzer Arafat, que hacen muy buen jazz con temas clásicos americanos. Son muy jóvenes y se quejan de que en la ciudad ya no quedan sitios para actuar ni hay sitios para perfeccionarse musicalmente. Toc, toc, llamada de atención, que se nos van a ir los músicos a otra parte. Luego actúa Ariel Prat, que canta tangos. Un señor que tengo al lado le dice a su mujer: "Estos argentinos cuánta labia y cuánto cuento tienen..." La señora entra a matar: "Tú sí que tienes cuento, te digo" No es momento para montar pollos conyugales, la verdad, porque ahora mismo actúan los Tufo. Los Tufo hacen una versión de "La pantera rosa", que empieza muy Walt Disney y acaba en plan atronador. Son cañeros y divertidos y la peña se anima de verdad. Estoy pensando en que el ayuntamiento tendría que haber regalado a Doña Leticia y a Don Felipe una versión metalera de la marcha nupcial de Mendelssohn a cargo de los Tufo. Mendelssohn ya es muy heavy de por si, como Wagner y como Orff, pero un toque tufero, de guitarras a tope, quitaría un poco de azúcar al pastel de la ceremonia real. Es sólo una idea, claro, que se me ha ocurrido mientras comía el tabulé. Vale, nos vemos.

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