25/03/2013

Muere Mariano Cariñena

Mariano Cariñena Castell murió ayer, 24 de marzo de 2013, en Zaragoza, a la edad de 80 años. Como un pequeñísimo homenaje a una persona que me enseñó tanto y me hizo reír tanto, precisamente cuando yo tenía tanta necesidad de aprender y de reírme, recupero este artículo que le dediqué en 2004, en mi columna de Heraldo de Aragón.
       
       MARIANO CARÑENA Y COMPAÑÏA
       
       Bueno, el caso es que en este país hubo una dictadura durante 40 años. Para algunos eso es toda una vida; para otros, eso es simplemente una etapa histórica; y para aquellos de 30 años o menos, eso es, me temo, ¡glups!, una batallita. Se mire como se mire, aquello duró mucho. En las capitales de provincia, como Zaragoza, la cosa cultural, un poner, estaba chunga. Culturalmente, esto era como una habitación lóbrega, o sea, triste y oscura. Bueno, creo que exagero, porque en todos los sitios cerrados por alguna parte llega a entrar el aire y la luz. Voy a poner un ejemplo: en la calle Fuenclara está "Libros". Entonces, antes de que se inventaran las grandes superficies culturales, "Libros" era una galería de arte de vanguardia, una tienda de discos muy selecta y una librería con la mejor literatura europea y americana. Era como una tienda del París de la orilla izquierda al principio de la calle Alfonso. Su dueño, Victor Bailo, ahora ausente, creó un foco de libertad y conocimiento que no se ha vuelto a repetir. Un cliente habitual de "Libros" era Joaquín Aranda, con cuyas críticas tanto cine aprendimos. Aranda escribió de películas con ejemplar independencia y claridad y fue siempre martillo de pretenciosos. Bailo, Aranda.
        Me vienen estos nombres a la cabeza mientras leo las "conversaciones" que Mariano Cariñena ha mantenido con Antón Castro y que acaba de publicar la DGA. Cariñena, otro que no se casaba con nadie. Cuando reirse era una insolencia para el estado y una frivolidad sospechosa para la izquierda más ortodoxa, Cariñena impuso su sentido del humor en sus admirables montajes teatrales. Su teatro ha sido moderno, riguroso, y divertido, como corresponde a alguien que se sabía las canciones de Brassens de memoria cuando España tarareaba las de Raphael. Esta especie de autobiografía hablada que ahora leo con emoción quizá inicie, espero, la recuperación de un grupo de intelectuales aragoneses que han sido tan insólitos en el franquismo como insustituibles en la libertad.

jmheraldo@hotmail.comImprimir

Este artículo pertenece a la sección "Culturland"