30/05/1998

Ficción Británica a la Carta

Puede que el secreto resida en que llenan la estilográfica con tinta y té de Ceilán a partes iguales o, más probablemente, en que han leído mucho a Dickens, a las hermanas Brontë y a Jane Austen en sus años escolares; lo cierto es que un secreto tiene que haber para que los escritores de raíces británicas sean tan condenadamente buenos escribiendo novela: estructuran muy bien la trama, crean personajes sólidos e inventan historias con el deseo de cautivar a lector, de envenenarlo de entretenimiento.
        La remesa de novela que hemos importado de las islas británicas y de los países de su antiguo imperio ha sido excelente en estos cinco primeros meses del año. Llegó el último premio Booker, El dios de las pequeñas cosas (Anagrama) en el que la india Arundhati Roy cuenta con lirismo y gran fluidez una historia intensa y muy dura, la de una familia que se empeña en que sus miembros no sean felices, rompiendo a golpe de tradición y prejucios el paraíso de la niñez. Un enfoque más clásico y un estilo más realista se dan en Un perfecto equilibrio (Mondadori) del también indio Rohinton Mistry: cuatro personas muy dispares se ven forzadas a compartir una casa: del entrelazado de sus historias individuales saldrá un espléndido fresco de la historia política y moral de la India moderna.
        Para los amantes de la novela negra, es imprescindible la lectura de la última entrega del enfant terrible de la literatura inglesa, Martin Amis, quien en Tren nocturno (Anagrama) da una lección de inteligencia con la historia de una policía marimacho enfrentada al bello cadaver de una niña rica; poco a poco se irá descubriendo que la solución del enigma está en el envés oscuro de los estereotipos, en el secreto de las apariencias. No menos recomendable es Cómplice (Mondadori), del escocés Iain Banks, que cuenta la aventura, a veces muy violenta, de un periodista drogadicto envuelto en las andanzas de un asesino en serie.
        La novela como crónica de la realidad social nos llega de las dos Irlandas. La vida de malos tratos que sufre una esposa a manos de un marido que todos admiran es el núcleo de La mujer que se daba con las puertas (Alfaguara), de Roddy Doyle. Mientras que el poeta Seamus Deane ha elegido contar en Leer a oscuras (Mondadori) la violencia en Irlanda del Norte a través de la mirada de un niño.
        Pero los hay que quieren novelas de amor; bien, pues para gozar, sufrir a gusto, y especular sobre tan deseado y temido síndrome nada como la última entrega de Alain de Botton, Como cambiar tu vida con Proust (Ediciones B). El autor es una ave rara, una mezcla de novelista y filósofo divertido al que, por lo menos, hay que conocer, aunque con cuidado porque puede crear dependencia.
        Los amantes de la historia-ficción encontrarán en El rinoceronte del Papa (Anagrama) un viaje al Renacimiento, con un punto de desmesura muy próximo a la imaginería de Fellini. En las antípodas de la novela de Norfolk, está el relato hecho con ojo de periodista de la peculiar relación que existió, durante la segunda guerra mundial, entre el poeta Louis Aragon y Henri Matisse en La guerra de Matisse (Circe) de Peter Everett. Y si uno quiere el remanso de los clásicos, hay que ir a lo más reciente de la colección que dirige Luis Magrinyá para la editorial Alba: un Dickens, Grandes esperanzas, y un Henry James, La copa dorada, en ediciones y traducciones que son un alarde de esmero. Y no olvidarse de Lewis Carrol, aquel matemático paidofilo que nos enseñó a viajar al otro lado del espejo, de quien Anagrama publica una magnífica biografía y Lumen reedita Niñas en un album exquisito.
       
       Juan Marín. Publicado en El País / Babelia p. 10. 30/05/1998
       
       En un extraordinario de El País con motivo de la Feria del Libro, se publicó este arículo dentro de la sección Crónicas del otro lado de las fronteras. Si quieres leerlo, pincha aquí y se abrirá en archivo PDF.. Como verás, tiene una excelente, muy querida por mi, ilustración de RALPH

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