24/09/2006

La vida atascada

imagenHola. Son las 6 de la tarde y la señora XF siente deseos de comprarse algún trapo para esta temporada. La señora XF es una mujer presumida, independiente, que trabaja, que conduce... Cuando sale del garaje en su utilitario verde-manzana, saluda con un gesto a don Samuel, un vecino que va en silla de ruedas, guiado por una joven colombiana. "Qué guapa va usted hoy", le dice don Samuel a la señora XF. Ella se ruboriza un poco: "Me voy al centro, de compras". "Nosotros también, a ver si damos una vuelta", replica el anciano, tan contento.
        Poco tarda la señora XF en verse metida en un tremendo atasco con el que, inocente ella, no contaba. En 10 minutos ha avanzado 3 metros. Es una sensación molesta porque la tierra gira, el viento agita las hojas y todo se mueve, pero ella está parada ahí, dentro de un vehículo en principio pensado para avanzar. Pone la radio y piensa en lo bueno que sería fumarse un cigarrillo pero hace 2 meses que lo dejó... baja la ventanilla y mira el coche que está a su izquierda. El conductor se da cuenta de que le miran y sonríe. Es una sonrisa larga, un pelín comprometedora. Ella le sonríe también, y enseguida se arrepiente: piensa en su marido, que se ha quedado en casa con los niños para que ella pudiera ir de tiendas con tranquilidad. Vuelve la cabeza hacia la derecha y ve, ¡oh, no!, a don Samuel en su silla de ruedas, empujado por la joven colombiana, sonriente y ajeno al tráfico. La señora XF no quiere que don Samuel la vea atascada y vuelve a girar la cabeza hacia el hombre del otro coche que, ahora sí, le clava los ojos y le sonríe de nuevo. imagen
       Por la radio, como si no hubiera mejor momento para soltarlo, dicen que la media para aparcar en esta ciudad es de casi 20 minutos. La señora XF ya no quiere aparcar ni ir de compras, sólo quiere volver a su casa y fumarse un cigarrillo del paquete que tiene escondido en el cajón de los camisones. Pero, de repente, en un instante de lucidez o de desesperación, quién sabe, decide abandonarse a una historia de amor imposible con ese conductor desconocido, que no para de sonreírle. Es una historia de amor y atasco, muy urbana. Una locura, quizá.

jmheraldo@hotmail.comHeraldo de Aragón | Imprimir

Este artículo pertenece a la sección "Querido Caos"